PUBLICADO 2006
Isaías Bueno. La monada más humanaSi a los monos le quieren dar los mismos derechos que a los humanos, supongo que también tendrán que acatar nuestras leyes, y si eso es así, a los monos no les afectará —porque no conducen— el carné por puntos, pero sí la prohibición de fumar en los lugares públicos. Digo esto porque el chimpancé Feili fuma, no sólo cigarrillos cortos, sino también puros, habanos; lo que no sé es si fuma o no cuando están currando con él los biólogos en el laboratorio. Y si —citando leyes— un mono maltrata a su mona, se le tendrá que llevar a la cárcel en vez de al zoológico. Claro, porque si la maltrató en el zoológico... ¿No? Lo que no sé, porque a eso tenemos derecho los humanos, es si podrán votar. Y de poder hacerlo, que lo dudo, seguro que votarían a Zapatero —porque como es quien debe aprobar la ley...—, esto tiene su laberinto. Imaginen que los monos están abandonados como tantos otros animales que la peña se trae de países exóticos y se ven en plena calle campando a sus anchas, pues habrá que proporcionarles una vivienda digna... o un zoológico digno, ¿no? Pero si esas calles son de Algeciras y no hay zoológico, pues habrá que llevarlos a un centro de acogida. O figúrense también que al mono lo atropella un coche como a los perros en las autovías; a los primeros los dejamos que se pudran mientras que a los monos tendríamos que darle asistencia médica con helicóptero y todo. Claro que si la policía trinca a quien atropelló al mono de los cojones... Pues al trullo, qué remedio queda. La ley del menor, por ejemplo, prohíbe subir a un coche de patrulla a los menores cuando son arrestados por las autoridades, eso implica que si un mono comete un delito habrá que llevarlo andando hasta la comisaría, y sin esposar, igual que a los chavales. ¿Tendrán los monos también derecho a una pensión no contributiva? Esa es la pregunta que me hago, porque si no cotizan y la tasa de ancianos nos inunda de aquí a treinta o cuarenta años —lo vi el otro día en la tele—, haber cómo cobro yo la mía habiendo cotizado como un gilipollas durante toda mi vida. Hombre, los monos que se lo curran en el circo, o entre los brazos del promotor de esta idea —que sólo se le ocurre a quien se le ocurre y lo apoya quien lo apoya—, entonces sí. Si han dado el callo, sí, pero si no... Si yo tengo derecho a una enseñanza gratuita, el mono también, y si en un laboratorio los enseñan a distinguir colores y señalarlos con una regla, a colorear, a pilotar bicicletas y tantas cosas, imaginen a un niño compartiendo aula con un chimpancé. El otro día estuve en un zoológico con mi hijo y vimos un mono atisbando de reojo al vecino de jaula que se estaba zampando una manzana y él, por lo que adiviné, sólo se había comido su ración diaria de plátano de Canarias que consistía en una sola pieza. Ya mismo gritará el mono al cuidador para que le dé otra fiambrera como la del vecino o lo va a pasar mal el zoólogo en el juzgado. A ver, ¿por qué no le dio usted al mono, o habitante del zoo, mejor dicho, una ración cómo la del otro? Preguntará el magistrado. Porque no había más, señoría, respondería el fulano. Y ya no les cuento como el mono se cosque de que nosotros, los humanos, también habitamos —si cometemos un delito, claro está— celdas como las del zoo, y nos quieran exigir una salidita al patio para estirar las piernas, un gimnasio, piscina —en Botafuegos hay una, olímpica—, biblioteca, sala de música, un bis a bis —oiga, que los monos también tendrán derecho—, el tercer grado y todas esas cosas, un abogado de oficio... Esto va a ser una monada de ley, pero como al mono se le calienten y diga de presentarse a los próximos comicios, ya verán ustedes el careto de Zapatero y el de sus socios de gobierno. Imagino, y con esto acabo, a un mono detenido por tenencia ilícita de drogas y el periódico no pueda citar su nombre pero sí sus iniciales: M.O.N.O., de 17 años de edad, fue detenido ayer por presunto delito contra la salud pública.
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