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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.El ladrón de lágrimas

Ha sido considerado un superviviente, un héroe. Ha hecho llorar al Congreso de los Diputados en pleno y a Carmen Chacón, vicepresidenta primera de la Cámara Baja. Ha dado charlas en universidades e institutos, escribió libros y contó, en uno, su vida. Ha viajado mucho y ha recibido numerosas condecoraciones y premios.

No sé si ustedes se acuerdan de él, no obstante, yo les refresco la memoria: se trata del patético  descerebrado que ha estado treinta años mintiendo como un rufián. Se llama Enric Marco y narró sus vivencias en un campo de concertación nazi en un libro. Además de farsante, ladrón de lágrimas y miserable hasta caer en la bajeza más vomitiva, tiene cara de esos tipos a los que él odió de mentiriquilla: a los nazis. A esos que franquearon la frontera del horror y elucubraron cómo sería un mundo de dolor y sufrimiento hasta hacer realidad sus sueños pútridos y encerrar a miles de personas en campos de exterminios para que viviesen de primera mano, en primera línea del horror, el espanto que jamás imaginó cualquier ser humano. El holocausto. La muerte a latigazos o por inhalación de gas. La muerte por envenenamiento o de frío y hambre. La muerte de miles de niños, mujeres y hombres a tiros, a golpes o quemados. La humillación y la monstruosidad que de ningún modo vislumbró nadie  salvo los de Hitler.  Pues a sus asesinos tiene cara este Enric Marco de los cojones. Sí señor. A Hitler se parece. A ese al que con tanto odio se refirió en multitudinarias conferencias por todo el país y fuera de este.

Pero fíjense en una cosa: si de algo me alegro es de que esos muertos, esos niños, mujeres y hombres que de verdad sufrieron en sus propias carnes esa iniquidad le hayan descubierto. Yo creo que no han descansado hasta no revelar la auténtica identidad de Enric Marco, porque aunque nos parezca mentira,  los muertos le pisaban los talones. Este sinvergüenza que se inventó su historia, fue, hasta el día 2 de este mes, presidente de la asociación Amical Mauthausen. Su relato  fue creído por todos durante tres décadas pero el historiador Benito Bermejo, residente en Viena, lo destapó todo en su informe. Se le acabó el rollo, y lamento que en este país de talantes no ocurra nada al respecto, porque a este panoli de Enric lo metía yo en el trullo y lo tenía a pan y agua el resto de su puta vida, para que luego cuente en un tebeo que sufrió a pie de talego lo que es pasar hambre y morirte soñando con un plato de arroz hervido. Aunque ahora que lo recuerdo, sí que estuvo en la cárcel, y asemejó su experiencia con la de un campo de concentración, de ahí viene todo.

Pero ahí no queda la cosa. Para colmo de males, Marco se cabreó un rato cuando en una cadena de TV catalana le preguntaron por su auténtica edad y su trabajo. Dijo malhumorado “me ponen contra las cuerdas, me están juzgando”. Así, como se lo cuento. Anda que no hay que echarle careto al asunto. La vida da palos que duelen de verdad. Perder a un ser querido o a toda una familia es muy triste. Nadie, salvo los que padecieron aquellos años de dolor profundo —a los que la semana pasada homenajearon en todo el mundo—, sabemos lo triste y desolador que pudo ser, y que a mí, o a usted, nos venga un tío de este calibre es para coserle a la rodilla los morros que le ha echado durante treinta años al asunto de mentir y ofender. Porque, dicho sea de paso, los que peor parados salen de esta película son los afectados: ya sean los que sobrevivieron a la historia más perra e inhumana que hemos conocido y que aún están entre nosotros, los que murieron en los campos de concentración o los que perdieron a algún familiar. Ellos deberían dictar sentencia contra este impresentable de Enric Marco. Porque yo no permitiría que esta trampa quedara así. Les juro que si en mis manos estuviera, este tirano no se iba a ir de ese modo, de pimpollito, y vayan ustedes a saber si hasta cobrando por conceder entrevistas a las cadenas basuras y las otras. Ojalá Eric se pudra en sus remordimientos.

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