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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.Ballena negra

Si la mitad de los algecireños somos gayumberos, como así desvarió Nieves Ruiz en un programa de Canal Sur Radio, supongo que la otra mitad somos los que le blanqueamos el dinero a esos traficantes.

El pasado martes, ni corta ni perezosa, lo soltó. Y miren que yo, en multitud de ocasiones, he tenido que contar a muchos foráneos que por Algeciras —no hay que dudarlo— pasa una cantidad importante de droga procedente del país vecino, o sea, Marruecos, pero no por ello nos dedicamos a esta actividad ni, mucho menos, todos los algecireños. Como de ningún modo, la droga llevaba como único destino esta ciudad, sino terceros países. Pero a una mente borrica no le puedes contar esto porque jamás lo entendería, quiere decirse que quizá, tampoco Nieves lo comprendió. Ni lo vio. Porque hay que ser muy gilipollas para vivir en Algeciras y decir semejante necedad. Además, si sabemos que por nuestro puerto rulan alijos es porque los aprehendemos, y si es así, es porque las Fuerzas de Seguridad del Estado evitan que la mercancía llegue a su destino, es decir, a la calle. Por consiguiente, si todo esto ocurre con total eficacia es, también, porque nuestros vecinos no se dedican a esta actividad ilícita. Es cierto que un canuto se  fuma aquí del mismo modo que en Pamplona, y que una raya la toman en esta ciudad como en cualquier otra de cualquier parte del mundo mundial. Así pues, existen en Algeciras camellos como los que pululan por cualquier rincón de nuestro planeta. Por eso, en esta comarca gaditana, existen colectivos y fuerzas de seguridad que lucha —como en cualquier otra ciudad española—, día y noche, codo con codo, para que esto no suceda. 

Decir que “el 50% de los algecireños somos traficantes” es lo mismo que decir que la mitad de las personas que participan en un programa de radio son unos mamarrachos de mucho cuidado, y eso, querida Nieves, no es así. Aunque ella, puede, que lo sea un poquito. A lo largo de tres lustros me he topado, para los informativos, con muchas madres y padres exasperados que han luchado para que sus hijos dejasen las drogas. También, con asociaciones (Barrio Vivo, por ejemplo) que se han dejado alma, y hasta la vida, en paliar esta lacra que padecen todos los países del mundo. He sido testigo directo de multitud de denuncias públicas en las mismísimas puertas de los camellos y he visto, también, cómo los resultados iban llegando. Por eso, no todos estamos enganchaos ni traficamos, ni evadimos impuestos como los de la Ballena blanca y la negra ni la madre que parió a más de uno, o una, sino que luchamos, precisamente, para que nuestra ciudad sea un paraíso decente, no indecente como dice Nieves Ruiz Delgado que “ha visto en Algeciras como algo habitual”. Si esto no es tocar los cojones que venga Dios y lo oiga.  O sea, que lo de la Ballena blanca es paja para lo de Algeciras, que, por lo que ella rebuzna, es algo normal.

Un ciudadano de Barbate narró en el mismo programa que algunos vecinos no tuvieron otra opción que la droga para sobrevivir dada la poca oferta —o nula— laboral de su ciudad, pero que no todos se dedicaban, o se dedican, a lo mismo, si no, que le pregunten a un pescador que se deja los huevos todos los días en un pesquero para dar de comer a los suyos de una forma honrada y responsable. Pero lo de esta mujer fue la leche.

Mi trabajo me obliga a veces a contar a toda España que tal día se incautaron de un alijo en el puerto, y créanme si les digo que lo lamento, porque esa no es la imagen que quiero dar de mi tierra, esa que me parió y me vio crecer y ser, ante todo, un hombre decente que se gana la vida con una cámara en el hombro, también día y noche, y no con un fardo a mis espaldas. Así pues, en mi opinión, Nieves está mejor en su casa que locutando gilipolleces.

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