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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.Con dos ovarios

Esto de escribir una columna todos los días, cada cuatro o una vez a la semana, como es mi caso, es arriesgado aunque ustedes no le crean. ¿Por qué? Pues porque hay que andar con pies de plomo con los temas que se tocan porque, a veces, la peña se te cabrea. Claro que a mí me la trae al pairo, entre otras cosas, porque la libertad de expresión, de la que soy buen defensor, y las facultades que sean así me lo permite y, por ello, y por otras muchas razones que me tocan lo más íntimo y calentito, tiro para adelante, como la gente de levante —porque si digo de Alicante también se irritan los de esa ciudad—. Sin embargo, donde más tiento hay que tener es en la feminidad. Ahí, amigo mío, ojo. Mucho ojo. Como dice mi amigo Curro: “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Pues eso. Con lo femenino hay que andar con cuidadín del bueno, porque de lo contrario la cagas. Pero este amigo Curro, que me lo encontré el otro día tomando un cubata y me uní a él, me dijo que palante, que no tuviese miedo, que leña al mono, que si las cosas son así pues que metiera capote y a la faena. Así que, después de una larga meditación me decidí a dar un poquito de caña a un sector de la sociedad al que casi nadie se atreve porque al final sales puta y apaleá.

Ahí voy, va por ustedes, señores, y señoras. Resulta que leo en la prensa del jueves la exagerada reacción de las feministas de nuestro país a las que no les gusta nada de nada que en la canción que nos representará en Eurovisión —ese festival del que nos traemos todos los años un gruño— suene la palabra “brujería” y algunos párrafos que, según estas asociaciones, “dañan la imagen de la mujer” como manifestó Angeles Alvarez, representante de la Red Feminista contra la Violencia de Género. Aunque en principio el tema sonará en Kiev tal y como está escrito, las asociaciones feministas han pedido a TVE que retire, o sustituya, “brujería” y otras palabras de la canción. Eso, a mi juicio, se llama censura, y el hecho de pedir un recorte en una canción, guión cinematográfico, obra de teatro o lo que sea, me sugiere un retroceso a los tiempos de Paquito, porque si de una cosa se han olvidado las féminas, es de que los periodistas, los novelistas, los cantantes o lo que seamos estamos hasta los mismos huevos de que nos digan qué carajo tenemos o no que escribir, cantar, recitar o comentar. Cuando no son los políticos son las asociaciones de lo que sean, cuando no mi prima la toledana y, ahora, las asociaciones feministas no quieren que se cante o se diga “brujería” en una canción. Yo creo que, de seguir en esa línea, vamos a conseguir que, al final, andemos a hurtadillas, como cuando Franco, ya lo dije antes, y, eso, queridas mías, no es bueno para una sociedad moderna y sofisticada como presumimos ser. Si una canción requiere en su letra “bruja”, “panoli”, o lo que sea, pues se canta y punto, y si no gusta pues no se oye, pero de ahí a exigir que se elimine una palabra o frase completa hay unos cuantos pueblos. No obstante, pido a esas asociaciones que sigan en la lucha por la buena imagen de la mujer, pero que nos dejen de trabajar, de contar, de imaginar y de soñar con las palabras que se nos antoje o creamos oportunas. Que ya está bien de tanta milonga y tanta soplapollez. ¿O a caso no recuerdan el asunto de las recogepelotas en el torneo de tenis de Madrid o la cantidad de spot de televisión que piden se retire de la parrilla publicitaria? Por si fuera poco, la señora Álvarez dijo: “no les cuesta nada cambiar un par de expresiones que no afectarían  a la esencia musical de la pieza”. Y yo me pregunto: ¿Por qué diantre un autor tiene cambiar un par de expresiones de su tema si así fue como lo plasmó y así es como le gusta su obra? A ver si ahora hay que escribir cualquier obra pasando antes de la publicación por la censura, ¿no te jode? Debo añadir, para justificarme, no es por otra cosa, que en esta misma sección he publicado numerosos artículos dedicados a la mujer, a los malos tratos y otros asuntos, pero si debo ser honesto, también necesito rechazar esa actitud inquisidora de las feministas que, a veces, sacan de quicio al más pintado. Y si no coinciden conmigo, pues bueno, pero les juro que me he quedado como al perro que le quitan pulgas. Puf. Ya está.

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