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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.                                  El rebuzno en otro idioma

Miren, para sentirse una mujer maltratada, primero hay que ser mujer. Después, golpeada, despreciada y humillada. También, incomprendida, aislada, marginada. Por tanto, un hombre jamás podría llegar a considerarse así a no ser que, su pareja, una mujer, de igual forma le hiciera resistir semejante crueldad. Las palabras de Maragall no sólo se tornan fuera de lugar, de contexto, sino que además deben resultar estridentes para los oídos de quienes lo votaron. O sea, una desfachatez y una falta de ética social que, como mínimo, exige la dimisión del cargo que ocupa —lo que se podría llamar un divorcio propinado por malos tratos hacia su persona, gestión y partido— o, cuanto menos, la denuncia en la comisaría más próxima por agresión física o psicológica.

Decir que se siente como una mujer maltratada es una afrentada. Porque dicho sea de paso, esa frase sólo la puede catalanizar un mamarracho de su calibre y porte que no sabe decir más que chorradas fuera de lugar. Quizá esto se deba a que sus conocimientos referentes a cualquier materia, no hayan estado nunca a la altura de los acontecimientos de cualquier índole y, sobre todo, a los referentes —desgraciadamente— a la lucha contra los malos tratos que, desde hace décadas, se vienen esgrimiendo en esta nuestra España que a base de gilipolleces estamos construyendo para nuestros hijos. El presidente de la Generalitat no puede salir también impune de este atropello comparativo, porque de ser así, quedará manifestado que nos importa un cojón de pato que los políticos, sean de las siglas que sean, vengan a nuestras mismísimas puerta a dejar su huella. O sea.

Pronunciar ante 500 representantes de asociaciones feministas esta barbaridad manda huevos. Decía un buen amigo mío, de campo, que bastaba con ver al pastor para saber qué calidad de lana presentaban sus ovejas, y no se equivocó cuando me citó la frase popular. A joderse toca. Eso es lo que hay. Qué le vamos a hacer. Porque no vayan a pensar ustedes que los catalanes van a desbancar a su presidente, no, no. Los de barna   lo conservarán igual que a Pullol, durante veintitantos años mínimo. A esto debo añadir que no hubo declaraciones de Zapatero ni de su vicepresidenta, aquella que presume de ser una reconocida feminista (sólo para lucirse en conocidas revistas), rechazando tal perversión. Maragall nunca ha conocido los labios desgarrados, ni sus mejillas amoratadas, ni la vergüenza de tapar sus ojos con gafas casi opacas para ocultar lo que un hijo de perra les hizo. Y de ningún modo, ha sentido miedo, autentico pánico de su ogro disfrazado de cónyuge.  Referirse, o comparar, la situación de un partido político con los malos tratos deja entrever el circo político que nos representa fuera y dentro de casa. Si esto pasa en el Parlamento Europeo  ya está el President Maragall en la puta calle. Digo yo. Porque los de ahí arriba también se las traen, no vayan ustedes a creer. Maragall, creo, no ha sido consciente de la barbaridad que ha dicho, como tampoco lo son, al oírla, el partido al que representa, porque de manifiesto ha quedado que a su secretario general se la ha traído al pairo, o sea, que se lo ha pasado por el mismísimo forro.

“Hoy hemos venido a hablar de cosas serias. La verdad es que lo único que puedo decir es que este Gobierno, a veces, se siente un poco como una mujer maltratada”. Dijo Maragall. Y menos mal que lo pronunció en catalán, de lo contrario hubiese manchado nuestro idioma con la porquería más inmunda. Me gustaría saber qué piensan al respecto las socialistas que, como yo y toda España, oímos la burrada. De momento, los socialistas, han guardado silencio, pero no como el de los corderos, sino como el de los caballos. Ley al hilo de este asunto que Maragall no había tenido la decencia de pedir perdón, y me pregunté que cómo se le iba a pasar por la poca cabeza que tiene este cenutrio rogar disculpas si su oficio no se lo permite, y, quizá, tampoco su mala educación.

 

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