PUBLICADO 2005
Nunca me planteo poner determinadas cosas en su sitio, y menos aún cuando estoy en el ejercicio de informar para una determinada empresa y, como mandan los cánones, no me debo entrometer en temas turbios de los que en días pasados me haya tocado comunicar a la audiencia del medio para el que presto mis servicios, remunerados, y a la que me debo en toda las formas. Y sobre todo, por tratarse de una trama de andar de puntillas. Sin embargo, hoy me toca hacerlo, y lo hago en defensa de los muchos trabajadores que, ni ahora ni nunca, han tenido nada que ver con lo escabroso de consumir o vender drogas a otros.
Conocen ustedes, los campo gibraltareños, y más de media España y parte del extranjero, que el pasado día 20 tres personas fueron detenidas en La Línea de la Concepción por presunto tráfico de estupefacientes. Pues bien. De esos tres personajes, dos eran mujeres que prestaban sus servicios en el Centro de Menores Infractores de La Marchenilla, a las afueras de Algeciras. La categoría del asunto la tomó el hecho incomprensible de que una de estas elementas era educadora o monitora y la otra controladora —supongo que de seguridad— del centro en cuestión, y aquello, como no pudo ser de otra manera, tenía su puntazo social, político y, como no podía ser menos, informativo. El día 23, lunes, fue cuando se monta el pollo con la prensa al hacernos conocedores de la noticia un comunicado de prensa de la comisaría de La Línea. La Junta de Andalucía, en un principio se mostró contraria a hacer declaraciones sobre el asunto pero no fue así cuando al día siguiente, martes 24, se prestó a cuantas aclaraciones quisiera hacer la prensa en nombre de la opinión pública. Y también el director del centro de menores, claro está. Poco a poco la noticia fue cogiendo lana a medida que los datos se iban contrastando y las declaraciones de los organismos públicos y algunas asociaciones civiles se iban manifestando al respecto aclarando o anunciando medidas cautelares para las dos asalariadas del internamiento. Pues con todo, a pesar de quedar en su sitio muchas cosas, algunos medios de comunicación y las habladurías de las lenguas de doble filo de a pie, acusaban a todo el personal de aquella casa: “lo que tiene que haber allí metido…” Dice uno o una. “Traficaban con cocaína en un reformatorio”, titulaba un diario la pequeña columnita que le dedicaba al asunto tres días después, titular que puede dejar clara sospecha de que si ellas traficaban en el centro debía de ser con el conocimientos de sus compañeros, si no, a ver cómo; si tenemos en cuenta las altísimas medidas de seguridad de que disponen. Pues ni las habladurías son ciertas ni el titular es correcto o ético en todo su contenido. Pues aún se respeta la presunción de inocencia y, lo de traficar en el centro, es muy arriesgado atajarlo.
Los ex compañeros de estas dos mujeres, presuntamente camellas, deben estar indignados con la noticia de la detención de las dos adultas, pero aún más por todo cuanto se esta diciendo salpicándoles la mierda de las otras. Esta plantilla, altamente cualificada para desarrollar su trabajo con total eficacia, es, además de honrada, humana y sensible con la sociedad que ha confiado en ellos para reeducar a los más rechazados por esta sociedad que los encerró, y no les quepa la menor duda de que son los más fieles cumplidores de sus tareas para con nosotros. Es por ello, que ruego un poco de respeto a trabajadores que, como usted o yo, se buscan la vida del modo que saben hacerlo, que no es otro que currar como cabritos para llegar a fin de mes sin la necesidad de tirarse a la calle para meter en las casas de los demás el peor cáncer del que padecemos en cualquier país del mundo, que no es otro que la puta droga. Esta plantilla de trabajadores se deja los huevos u ovarios durante las horas de su turno para que los internos, entre otras cosas, no lleguen a probar nunca la mierda que otras presuntamente vendían. Así que no digamos más gilipolleces. Por otro lado, quiero dejarles claro a estos profesionales que hay un sector de la sociedad que los respeta y admira, es por ello que los animo a que continúen en la línea de dar ejemplo del buen quehacer como hasta ahora vienen haciendo.
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