Blogia
PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.La revelación

A ver si soy capaz de despejarme las ideas porque estoy algo farragoso. El concepto que tenemos del amor aún lo guardamos la gran mayoría, pero las necedades más irónicas de unos pocos, me desequilibran. Cuando uno ama, ama. Cuando no amamos pero apreciamos, pues eso, no amamos pero sí apreciamos, ¿no es cierto? En cambio, hay una señora que ha salido al ruedo popular —antes era sólo conocida— y responde al nombre de Ramona Maneiro, que reveló en un programa de televisión,  “para que dejen de especular”, aclaraba, ser ella la que le dio el agua con la solución de cianuro a Ramón Sampedro. No sé yo quién elucubraba después de siete años de la muerte de Sampedro, como no fuese Amenábar con su Mar adentro… Pero en fin, allá ella, que incluso se escurrió del bulto de ingresar en el talego y ha dejado transcurrir sesenta días de la prescripción del delito de cooperación al suicidio para relatarlo ante las cámaras que emitían para toda España. Toma ya.

Ramón Sampedro solicitaba su deseo de abandonar este mundo. Las tres décadas que dedicó a la reclamación de morir porque lo consideraba un derecho legítimo, fueron abrigadas en el corazón de su inseparable amiga Ramona, que tanto lo amaba. Vamos, tanto se solidarizó con la causa que tiró para adelante. Sólo vertió en el vaso la cantidad de agua y cianuro que su más fiel compañero le indicó, le colocó la pajita y el vaso donde debía y lo demás lo hizo Sampedro. En aquella declaración televisada, Ramona respondió: “fabriqué una balanza casera, aplasté una aspirina y pensamos la cantidad de cianuro y aspirina […]” O sea, que si usted se quiere ir al otro barrio, yo le llevo al árbol, coloco la soga a la altura que desee, se la pongo al cuello y usted solito deja de respirar. Y todo porque estoy enamorado. Por amor, dice Ramona que lo hizo. También manifestó no ser “Santa Teresa de Calcuta”, y menos mal, porque ¿se imaginan a la madre Teresa llevándose por delante a los leprosos, los discapacitados… sólo por amor? Miren, yo no sé a usted, pero a mí por amor no me hace nadie acabar con su vida aun pidiéndomelo de rodillas. Cuando de veras se ama se sufre paralelamente con la otra persona. Cuando ese amor es profundo, por muy pocas horas de vida que le queden a su amado o muy en fase terminal que se encuentre, no tendríamos el valor suficiente de desgarrar nuestra alma a ese nivel. Y les hablo del más puro amor que se le pueda ofrendar a cualquier persona vinculada a nosotros. De hecho, ningún familiar de Sampedro estuvo dispuesto a complacerle, y yo creo que fue por amor. Ningún amigo tampoco le respondió, y yo creo que fue por amor. Nadie ligado a Ramón se atrevió salvo Ramona Maneiro. Nadie que lo amaba como se debe amar a un ser próximo pudo dar el paso, excepto Ramona. Nadie que cuida durante años a los tetrapléjicos hace algo semejante. En cambio, sí Ramona Maneiro. Si esa es la forma de concebir el amor que posee esta mujer, pues vale. No la voy a acusar de asesina porque fue Sampedro quien se lo pidió y por tanto no incurre en ese delito, pero hay que tener huevos, u ovarios, según se tercie,  para apretar el gatillo cuando se ama.

A otra interpelación de la periodista, Maneiro respondió que llevaba guantes porque él se lo “indicó”. “Había huellas en toda la casa —declaró Ramona—”. Menos en el vaso, claro. Pero de todas las preguntas y respuestas, hubo unas afirmaciones de Ramona que me dejaron patidifuso: “¿Titubeaste?”  “No, nada. Me puse un poco mala después, porque por lo que he escuchado, no fue la muerte ideal que él pensaba […]” Repuso Ramona. Otra pregunta: “¿Pudiste aguantar su agonía?” “No, no fui capaz […] yo pensaba que él, al cerrar los ojos, se moriría […]” La otra respuesta.

En fin, no sé por dónde coger esto y dudo que el auténtico amor llegue a apoderarse de uno con tanta frialdad. Realmente, no lo creo. Naturalmente, Ramona, nos engaña.

0 comentarios