PUBLICADO 2005
Pues sí, señoras y señores. Su Majestad El Hermano Mayor ya fue a Marruecos, y nosotros, los primos —digo yo que lo somos—, hemos sido espectadores de la fila que sea. Pero fíjense ustedes, que yo, a eso de las visitas de Estado no le presto mucho interés, o mejor dicho, le dedico poco tiempo, porque entre otras cosas, esas visitas se debían realizar al menos una vez al año, ya que se trata de hermanos, en Navidad, por ejemplo. Pero no. Hacía ya veintiséis años que nuestro monarca no visitaba Marruecos a este nivel. En cualquier caso, ole. Sin embargo, a lo que sí dedico tiempo o presto interés es a las burradas. Porque no medirán ustedes que lo de condecorar hasta al apuntador en Marruecos no es una burrada. Es que, de entrada, no supe cómo comerme esa noticia. No supe con qué caldo debía regarla. Jamás he visto un plato tan complicado y cocinado tan en secreto como este. Estoy hablando de condecorar a toda la peña por el morro cuando ZP no lleva ni un año de gobierno y cuando Marruecos, aún, no ha hecho méritos a tal efecto. Fíjense que yo, a eso de las medallas tampoco me presto, pero lo de ZP y su consejo de ministros ya es de Jaimito. ¡Por favor! Condecorar con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica a los que tienen en el exilio a los saharauis, a los que también vislumbran en el Estrecho una fosa común y a los que no firmaron el acuerdo de pesca haciendo que ésta haya sido una ruina para miles de familias españolas entre otras muchas pedradas. Al ministro de Interior, al Primer Ministro marroquí, al presidente de la Cámara de Representantes, al de la Cámara de Consejo, al Director de la Secretaría Particular de Mohamed VI. También al Consejero del Rey, al Miembro del Gabinete Real, al Portavoz del Palacio Real, al Director de Protocolo de la Casa Real, al comandante de la Guardia Real, al comandante de la Gendarmería Real y al Director General de la seguridad Nacional. Los ministros de Educación, de Turismo y el de desarrollo Social recibirán la Gran Cruz al Mérito Civil. Y nada más y nada menos que con el Collar de la Orden de Carlos III al Rey Mohamed VI y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica también a las princesas Salma y Asmaa. O sea, a musulmanes con la Orden de Isabel la Católica. Toma ya. Ahí lo llevas, colega. Lo que no sé yo es por qué han pasado por alto condecorar a la señora de los pastelitos, a la del té y al señor ese que tan rico prepara el cordero a la brasa, porque no sé ustedes, pero yo me pierdo con su gastronomía. Ellos sí merecían estos honores, el resto, no sé yo.
Sin embargo, claro que estoy de acuerdo con las buenas relaciones. Claro que me quedo con la mejor imagen de amistad y lealtad, y, también, con la de mi rey abrazando al rey vecino. Pero la milonga que me quieren vender es que esto ya es para los restos, y eso no se lo creen ni ellos, y si ambos países pretenden que me la coma, a estas alturas del negocio lo veo empresa difícil. Desconozco el tiempo que durará la buena vecindad que se está sembrando, pero presiento que lo que uno de los dos se niegue a bajarse los pantalones.
No sé tampoco por qué Marruecos se hace de rogar en la colaboración como Dios manda —sea el Creador el suyo o el mío— con los servicios secretos españoles con el asunto del 11-M y por qué apoyó Marruecos la candidatura de Londres para las olimpiadas frente a la de Madrid. ¿Las buenas relaciones van viento en popa? Miren, después de ver Alejandro Magno, mi amigo Juan quiso ver esta otra película, y le dije que ya la echaron hace mucho tiempo y que yo no veo filmes repetidos. También, le pidió el monarca alauí al Rey don Juan Carlos, en el palacio de Marrakech, ayuda técnica y «financiera» para frenar la inmigración, cosa que, al parecer, el rey Mohamed VI pide a todo el que lo visita (si hacemos memoria, Aznar, a través de la Unión Europea, ya le endiñó 40 millones de euros para la causa), pero él no hace nada de nada, o sea, película que también llevo viendo tres lustros. A este paso vamos a condecorar también a Bush y a Condoleezza Rice para que coja el teléfono a ZP, que todavía sigue sonando.
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