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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.                                     SMS desde el espacio

Últimamente no desatinan. Aunque en Semana Santa ya se sabe que es complicado contentarnos. Aludo a los hombres del tiempo. Claro que ahora, mejor que nunca, lo tienen a huevo, porque cuando la cascan le dicen a uno que son cosas del cambio climático. Que también es probable. En estos últimos meses sus carreras están tomando credibilidad, austeridad, objetividad… y todas esas cosas que últimamente se llevan mucho en los medios de comunicación. Sobre todo en los públicos. José Antonio Maldonado y sus compañeros de reparto en otras cadenas se lo están pasando que se lo hacen encima porque dan en el clavo todos los días. Sin embargo, no creo que la cosa, con respecto a estos personajes, sea para tirar cohetes, pues la nave rusa de carga, Progress M-52, llegó el pasado día 2, creo que a las 21.10, a la Estación Espacial Internacional con dos toneladas y media de alimentos, ropa, correspondencia de familiares y amigos y hasta con sistemas para que los dos astronautas que se encuentran allí, uno americano y otro ruso, puedan enviar mensajes SMS a la Tierra. Como se lo digo. Hasta desde lo más alto se pueden despachar recomendaciones utilizando para ello el satélite de la red Glonass.

Y a cuento de esta noticia que leo en la prensa hace unos días, lo veo jodido para los meteorólogos de nuestras cadenas de televisión, porque cualquiera puede enviarles un mensaje a los cósmicos y pedirles que les informe de cómo está el tiempo en cualquier parte del mundo —menos de la cara que no se ve—, aunque habría que tener en cuenta que los recados no llegarían hasta pasadas  veinticuatro horas de la transmisión. A pesar de todo, no deja de ser una brillante idea. “Sharipov —o Saripoff, o como leche se escriba el nombre del ruso—, ¿me dice, si es usted tan amable, el tiempo de mañana sobre el Pirineo aragonés?” A lo que el astronauta respondería: “Chungo. Muy chungo. No salgas a la puerta de la calle”. En su idioma, claro. Esto de los mensajitos sería una ventaja alucinante, pero las consecuencias podrían ser, a la larga, catastróficas. Dos hombres en el espacio, con su tiempo de reposo y todas esas cosas, a veces aburridos, sin nadie más que ellos en la inmensa oscuridad de lo infinito, envueltos de estrellas…

—Oye, Cotonploff, ¿enviamos un mensaje a la línea caliente, o a un concurso de televisión y nos llevamos una pasta gansa? —Le pregunta el americano al ruso.

—No, Stanley. Mejor al tarot —le responde  su compañero. 

—¿Al tarot? —Inquiere Stanley, con incredulidad.

—Sí hombre, para saber qué será de nosotros cuando regresemos a la tierra. Tú haces la pregunta y ellos responden.

Esto de los SMS tiene esas cosas y otras muchas. Al final los pagos de línea no iban a saber a quién cargárselos.

En días pasados fue fácil detectar las olas de frío, se veían aproximarse y no hubiese sido necesario preguntarle a los astronautas, pero en un futuro ya me lo dirán los hombres del tiempo cuando le pidan a Moratinos que ruegue a sus homólogos ruso y americano que dejen de facilitar información meteorológica porque tienen cabreados a los del tiempo en España por la competencia desleal.  Yo no me podría resistir. Eso de enviar un mensaje a un astronauta pidiéndole que me diga si hay nieve en Granada tiene su puntito. O que me informe sobre el estado de la mar en el área del Estrecho antes de ir a Tarifa un domingo, veraniego, para darme un remojón. Hasta ahora ese dato nos lo facilitaba Tarifa Tráfico, pero cuando la cosa cósmica prolifere… Y sabiendo que, sin lugar a dudas, esta información es veraz, sin equívocos posibles, sin satélites meteorológicos desgastados de por medio. Asesoramiento  puntual facilitado por los astronautas de la ISS. Con dos pares. “Oye, Jony, que me voy de pesca, cómo lo ves”. “Jodido, Pepe, jodido”. Y a los del tiempo, pues eso.

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