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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.                                            ¿Sube o baja?

Creo que en esto vamos a coincidir, de lo contrario, me consideraré una especie en fase de extinción.

El asunto que manejo hoy es la vergüenza. El corte. La timidez. No sé, llamémoslo como queramos, pero en fin, el rubor. Además, es ése corte profundo que no sabemos encubrir. Nos pasa a todos desde que se inventaron los ascensores. Sí, han leído bien. Los ascensores. Esas cajas metálicas diseñadas sólo para ascendernos o descendernos y para que nos sintamos unos mamelucos. Miren, cuando uno espera impaciente, junto a otra persona, a que el elevador llegue a nuestra planta y se abra, no pasa nada porque lo que menos nos importa es quién está a nuestro lado si tenemos en cuenta que el espacio (llámese hall, descansillo o piso) es amplio y podemos retroceder, caminar a pasos cortos mientras aguardamos o mirar al suelo, al techo o a las paredes. Pero nadie observa nuestro registro, nadie se percata de que nos estamos entreteniendo con aquella exploración. Sin embargo, convendrán conmigo, ¿adónde apuntan nuestros ojos una vez en el interior del ascensor? A ningún sitio en concreto. Lo que pretendemos es no mirar cara a cara al otro viajero, o viajera, pues cuando se trata de una señorita ya la hemos jodido (quiero decir que hemos metido la pata, no piensen mal), y todo porque nos ruborizamos, nos sonrojamos.

Una vez en el interior, lo que nos salva son los periódicos porque mientras la caja sube leemos los titulares. Bueno, en realidad no leemos, seamos sincero, los miramos, que no es lo mismo, qué cojones. Porque precisamente nos pasa eso: que no sabemos hacia adónde mirar. Si la señorita que nos acompaña luce una modélica figura ya está todo dicho. O sea, que miramos automáticamente a la puerta del elevador. Esa puerta fría que a veces deja ver los pegotes de grasa para su perfecto abrir y cerrar, no vaya a pensar la mujer que la estamos midiendo con ansia  pecaminoso. A la chica le ocurre igual que a nosotros, porque con ráfagas cortas la atisbamos para saber adónde dispara ella, y, desde luego, no a nosotros, sino a su móvil. Esa fue su excusa para desviar la mirada: el móvil. Entonces yo, haciendo acopio de su gesto, hurgo en mi cazadora y extraigo el mío para registrar la agenda mil veces. Buena evasiva, sí señor. La señorita aquella tuvo una brillante idea. Con dos pares. Cuando la ascensión toca su fin, ¿quién pasa primero? Ella, sin lugar a dudas. Pero aun así, la muy educada criatura nos cede el paso con su delicado rostro enrojecido. Al final acepta mi gentileza y sale ella primero.

¿Ocurre lo mismo cuando nos acompaña un señor? Pues sí. Sin duda alguna. Cuando es un hombre quien sube o baja las miradas también se pierden en el espacio y ansiamos llegar al piso de una puta vez. También existen miraditas fugaces al techo, y a la puerta, y a los números de los pisos que pulsamos, joder, si nos dejasen el manual de instrucciones o los consejos para cuando nos quedamos encerrados nos harían un favor, porque nos lo empaparíamos. Imaginen que se nos ocurre mirar al hombre que, a lo mejor, ese día, anda de mala leche: “¿Qué mira usted?” Espetaría, con voz tosca, agria. Uno, con cara de gilipollas y esbozando una sonrisa le respondería: “no, no, nada. Disculpe”. Así pues, de nuevo los ojos la puñetera puerta, o al suelo —que sería lo más certero—.

Para pasar este mal rato, como el ascensor del parking ubicado junto al mercado de abastos ninguno. Allí se detiene la plataforma en todas las plantas. Entran y salen gentes continuamente. Hasta llegar a tu piso has ametrallado a todo Dios. Y a toda la estructura. Claro que, cuando vas cargado con las bolsas de la compra lo tienes a huevo, porque repasas las papas, los plátanos, las naranjas, la carne, la verdura y el pescado. Pero cuando no, lo pasas fatal. También tenemos el recurso de las llaves del coche, y el llavero, al que miramos lamentándonos de lo mugriento que está ya. Pero en fin, hasta los que tenemos muy poca vergüenza nos acojonamos, ¿se dan cuenta? Estos ascensores…

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