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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2005

Isaías Bueno.                                    Un ramito de claveles

No ponen la fecha y por eso me pregunto, cuando paso a la velocidad que sea junto a uno de esos ramos de flores de cualquier carretera de nuestro país, cuándo pereció o perecieron los que vieron frustrado su viaje. Porque esos ramos de los que les hablo, están en invierno y en verano. En la época de más lluvia te hace contener un poco la velocidad y, en fechas  más abrasadora, le da a uno por irse al carril de la derecha y dejarse de bullitas, que corre uno mucho.

No sé cuántos ramos de estos hay adosados a los arcenes de las autovías y autopistas de España, pero debe haber el ciento y la madre. Hasta en las calles de las ciudades  se dejan ver acoplados los ramos en las aceras en forma de cruz. Las flores, algunas marchitas y otras recién puestas, lo hace a uno pensar. Pensar en quién tiene la culpa de todas estas muertes, de todos estos siniestros que, a pesar de ir acompañados de la programación habitual de las cadenas de televisión en forma de avisos, no cesan. ¿Será culpa del estado de las carreteras? ¿Será el exceso de velocidad de algunos conductores? ¿Será el alcohol? ¿Las drogas quizás? Claro que sí. Los únicos culpables, creo, somos nosotros.

Ni las campañas de publicidad, ni el carné por puntos, ni los discursos fáciles ni tanta parafernalia frenarán las muertes sobre ruedas, pero, lo que sí nos hace reflexionar, son esas flores colocadas cuidadosamente en cualquier punto kilométrico de nuestro país, para que vean cómo somos. Es entonces cuando le vemos las orejas al lobo. Ahí es donde nos rilamos. Ahí es donde nos toca la fibra. Que mueran unas 5.000 personas cada año en nuestras carreteras no nos dice nada hasta que no vemos esas flores. Hay gente a la que le ha tocado la mala suerte y te dicen que hasta que no le pasa a uno, no somos conscientes de que la carretera está ahí, para que nos la comamos todos, que nadie se sienta libre porque como no andemos con ojo la cagamos.

La televisión ya nos está machacando con lo de los cinturones y esas imágenes en las que se ve a un niño estamparse contra la luna delantera, aún así, me cruzo con borricos que hacen unos adelantamientos que cortan el aire que respiramos. Otros, pilotando coches potentes y aparentemente fuertes, se creen blindados de toda mala fortuna, en cambio, la realidad es otra. Es decir, que todos los coches chocan. Que como se le vaya al pavo, o la pava, el volante, al carajo. Crasss. Por muchas campañas que hagan o muchos mensajes que envíen a los correos electrónicos, las flores de las carreteras son el repaso que vislumbro más claro y conciso. Ésa es la realidad. Ahí no hay cámaras ni iluminación adecuada. Ahí no está el realizador diciéndote qué plano tomar. Sólo está el ramo de claveles rojos o blanco atado con un lazo a la valla quita miedo advirtiéndote de que como no espabiles puedes ser el próximo en decorar el arcén.

Yo viví en mis propias carnes lo que es hostiarse con dos pares. Casi me mato, o me matan, porque la culpa fue de un camionero. Fue un imprudente, un caprino irresponsable, un suicida en serie. Me trasladé a Jerez hace cinco años para cubrir un acto de Felipe González, el ex presidente del gobierno. Comenzaba la campaña electoral y los reporteros por esas fechas nos ponemos las pilas y hacemos más kilómetros que el baúl de la que ustedes conocen. Pero a las cinco de la tarde mis acopladuras no se me pusieron de corbata, simplemente desaparecieron.  Así las cosas, ni Felipe, ni campaña ni la madre que parió al camionero, regresé a mi casa intacto, pero acojonao. Es una experiencia muy desagradable porque te ves más cerca de Dios que cuando nos casamos.

Siempre fui prudente conduciendo, y eso, creo, se debe a que libro miles de kilómetros a lo largo de todo el año y a veces veo en la carretera sesos esparcidos cuando me toca informar sobre ello, pero ni siquiera siendo uno sensato está exento de un leñazo gordo que te puede costar la vida. Así pues, les aconsejo que le echen un vistazo a esos ramos de flores, quizá les dé por reducir la velocidad y hacer más felices a los suyos. Buen viaje, colega.

                       

 

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