PUBLICADO 2005
Y esa espinita no vean ustedes adónde la tengo clavada. Porque el asunto al que les invito a leer ha tocado los huevos a muchos españoles, especialmente a mí. No porque yo sea fiel servidor de la iglesia, para nada, pero sin embargo creo en Dios, para que vean. Y aunque no creyese en Dios me tocaría la gabardina de igual modo. Entre otras cosas, porque a mí no me aparecen unos payasos desvergonzados y caraduras, sinvergüenzas y desalmados, hipócritas y gilipollas a tocarme lo que llevo colgando; aunque acepto que Zapatero, director del circo que lleva abierto en España un año y poco, se los deje tocar porque uno es su socio de gobierno y el otro… —el otro no sé ni lo que es— además de importarle un cojón de pato que sus aliados nos deje fuera de nuestro país como lo que son ellos: unos mamarrachos licenciados en hacer el ridículo a extremos incalculables por donde quiera que van. Me refiero a Carod-Rovira y Maragall, esos energúmenos maleducados y chistosos que el otro día, como tantos otros, dejaron a España en el ridículo más descastado. Maragall, que gobierna en Cataluña, está ya acostumbrado a los aluviones de críticas por su desfachatez, entre ellas una que escribí para ustedes titulada “El rebuzno en otro idioma” que trataba de los malos tratos a los que decía se sometía continuamente su persona y partido rebuznando que “se sentían como una mujer maltratada”.
Estos dos hazmerreíres se burlaron de la corona de espinas de Jesucristo. El gobernante catalán, Maragall, hasta inmortalizó la mala pipa de Rovira al tiempo que se partía el culo de risa al ver al gilipollas mayor del reino (porque le guste a Carod-Rovira o no España es un reino y él es uno de sus pobladores) colocarse la corona de espina sobre su cabeza de chorlito amargado. Los allí presentes (sin descartar las muestras de solidaridad de la comunidad judía y musulmana hacia la cristiana) se miraron de reojo y dijeron para sí: “¿Así son los españoles?” “¿Esas son sus comedias?” “¿Eso es lo que piensan cuarenta millones de españoles de la corona de espina?” “¿Esa falta de respeto la permite su gobierno?” “¿Ésa es la política exterior que hacen las regiones españolas?” Luego de todo lo acontecido y habiendo dejado ya a España a la altura del betún en todo el globo, el presidente de la Generalitat se reunió con el arzobispo de Barcelona, Luís Martínez, para mostrarle su “respeto por las creencias de la comunidad cristiana” y justificar el “malentendido” de la foto no sin antes haber mascullado que en Jerusalén se venden estos objetos en cualquier tienda y que por ello no debían darle tanta importancia al asunto. Y yo me pregunto qué ocurría si voy a Barcelona, compro una Imagen de la Patrona de la condal, Nuestra Señora de la Merced, y la coloco sobre la copa de un gorro mexicano y tras calármelo me paseo con él por las ramblas, ¿les haría gracia a estos dos mamarrachos o al pueblo de barna? Yo creo que no. Más bien intuyo que me denunciarían, me destriparían en la prensa y me harían pagar una millonaria multa; porque ya saben que la pela es la pela.
Y si a esto le unimos que la corona de flores sin el banderín de España que endiñaron estos dos ejemplares de los que les hablo a las víctimas del Holocausto en Israel, ya es lo más, y lo que me revienta es que Moratinos haya salido a quitar lastre afirmando que fue un error de la floristería. Por eso, no se extrañen ustedes de que el año que viene, cuando se celebre el día de los enamorados, le suelte Zapatero a su mujer una docena de cardos borriqueros en vez de una de rosas y le deje el marrón a su asesor en esta materia para salir de pimpollo del apuro. Porque tal y como está el asunto de las meteduras de pata creo, incluso, que hasta mandaría eliminar todas las hierbas espinosas que hubiera en tierras catalanas con el fin de que cuando lleguen las elecciones en aquella comunidad no se le ocurra a Maragall repartir esta planta silvestre entre sus simpatizantes olvidando al completo compartir la del emblema de su partido, ya saben: el capullo colorao.
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