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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2004

Isaías Bueno.Coto privado

Últimamente se habla de americanismo, o de apoyo inútil a los yanquies, o de lo políticamente correcto o no en determinadas ocasiones. También se lanzan preguntas punzantes al aire, como por ejemplo: ¿Y por qué no puedo yo o aquel hacer esto o aquello? En ocasiones, hasta nos dicen nuestros interlocutores: “¡Anda y que se jodan!”

No sé yo. Creo que vamos por mal camino, y no es un asunto para restar importancia, porque cuando el río suena… Y es que, el interés de ZP por caerle bien a Condolezza Rice no es una memez. Prueba de ello es que no fuimos convocados a la reunión para el próximo mes con varias embajadas europeas para ser informados sobre la política de EEUU para Oriente Medio, y eso, al señor Zapatero y a su equipo, no le ha caído bien, a pesar de que Moratinos se ha ofrecido telefónicamente a la consejera de seguridad estadounidense. Esta vez, Carlos Westendorp, embajador de España en Washington, se quedará en el banquillo. Y aquí no queda la cosa, en materia económico-empresarial ya lo estamos pagando. Ahora, las esperanzas de ZP están puestas en el rey Don Juan Carlos —eso me recuerda a lo de mi primo el de Zumosol—, que siempre ha terciado este tipo de mal entendidos —o faltas de respeto, según se mire— desde que subiera al trono.  No obstante, y a propósito, les cito una frase de Confucius, 551 a de C: Saber qué está bien y no hacerlo implica falta de coraje. Y ustedes se preguntarán a cuento de qué viene esto, y yo se lo digo.

Dice de la bandera el Diccionario de la RAE, lo siguiente. Bandera f. Insignia o señal de tela, generalmente cuadrada o cuadrilonga, asegurada por uno de los lados a un asta, especialmente la que lleva los colores o emblemas de una nación, partido, asociación, etc.  Es decir, aquí no se cita nada que atribuya la propiedad de una bandera a ningún político en cuestión, y, ¿saben por qué? Pues porque las banderas son del pueblo, de gente como usted y como yo. La bandera de un país no señala a los hombres, ni buenos ni malos. Representa al pueblo, a sus hijos y a los míos. La bandera de una nación no sólo es de su rey, sino compartible con sus plebeyos. La bandera de un territorio no se limita a ser del presidente de turno, sino de los ciudadanos que lo votaron para representarles, dentro y fuera de sus fronteras. La obligación de un presidente, como también la mía, es defenderla a capa y espada, ¿por qué no? La bandera de los EEUU, nos guste o no, es tanto del señor Bush, como del resto de los ciudadanos a los que representa, y quedarse sentado ante el paso ondeante de una bandera me parece, cuanto menos, una falta de respeto desproporcionada. ¿Se imaginan que desfilara la bandera vasca en un evento autonómico y un representante político se quedara empotrado a su asiento aterciopelado por el hecho de que la banda terrorista ETA  pone bombas o pegan tiros en la nuca? Los vascos derramarían su pena y dirían: “pero qué pobres son…”.

La prensa derrocha titulares a este respecto por el asunto de que Bush no coge el teléfono a Zapatero —también a otros respectos, porque dicho sea de paso, las opiniones nos la dan hechas los ZP cada día. Es difícil actualizar toda la información que me llega de torpezas y meteduras de patas—, y yo me pregunto por qué ha de hacerlo. ¿Porque también es del gremio? ¿Porque son colegas de profesión? ¿Porque ganan lo mismo? El respeto debe ser insignia de lo que queremos recibir del otro. Dice también la RAE, que ser respetuoso/sa causa veneración y respeto. Bush se pega al asiento ante la bandera de España, y si Zapatero le coge el teléfono pido su dimisión públicamente. Pero bueno, de qué va esta película, ¿es que ellos o nosotros somos gilipollas? Me parece muy bien que un sector importante de la sociedad española esté en desacuerdo con los americanos, pero que aplaudan tal gesto me resulta realmente incómodo. ¿Qué cree usted que piensan los estadounidenses de nosotros por el hecho de que el señor al que hemos votado no se levantase al paso de su bandera? He de reconocer que cuando tuvo tal gesto —que ya empezamos a pagar— Zapatero no era presidente, ni siquiera lo veía cerca, además se la traía al pairo saltar del asiento o no, y, por añadidura, tampoco auguraba que el yanquie iba a arrasar en su país, a pesar de las porras que se apuntaron en un folio sobre una mesa moncloista, pero para que vean las vueltas que da la vida. Como decía un amigo mío: “¡eh, tate, ahí te quería yo ver!”. El que dijo una vez que había que tener amigos hasta en el infierno, no estaba tarado. Ahora no sé dónde estamos, pero seguro que vamos camino del culo del mundo, porque para eso está, para visitarlo de vez en cuando, y ahora nos toca.

  

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