PUBLICADO 2004
Hay pueblos tranquilos donde sus vecinos dicen poder dejar las puertas abiertas sin que se produzcan robos. Existen pues, municipios en los que la generosidad de su gente los hace endebles, y, también, la falta de asistencia de unos cuantos mendrugos que no se enteran de que cuando suceda algo será cuando se pongan las pilas y nos vendan las burras políticas de siempre para callarnos la boca. Algunos pueblos, donde la escasez de casi todo está a la orden del día, pero que por otro lado no necesitan más de lo estrictamente elemental, se encuentran en el más absoluto desamparo en materia de seguridad ciudadana, a pesar de la lucha constante de sus electos que, no obstante, se parten la cara para solucionar estos y otros muchos problemas.
A Belen Gordillo, alcaldesa E.L.A de San Martín del Tesorillo, le cuesta creer que todo en su gabinete sean problemas a la hora de abordar el asunto de la seguridad, cosa que, por otro lado, pende del Ilustre Ayuntamiento de Jimena de la Frontera y a lo que tenemos derecho legítimo todos los ciudadanos y ciudadanas de este país, que, por otro lado, darán el “sí” a una Constitución Europea que a la mayoría nos la trae al pairo porque ni siquiera la conocemos —“ni falta que hace”, como dijo Manuel Chaves en una rueda de prensa no hace mucho y a lo que añadió que “era bueno votar sí” — y que, por otro lado, no hará que el pueblo al que me refiero se sienta más protegido. Prueba de ello es la situación en la que se encuentran los vecinos del Tesorillo con la Constitución Española, así que figúrense con la europea. Ésta joven alcaldesa, simpática, emprendedora y comprometida, no escatima a la hora de derrochar esfuerzos para los suyos, para su pueblo. Un pueblo que la vio nacer y en el que desempeña lo que más le gusta hacer: política y buenas acciones para sus vecinos. Pero claro, de lo que no se debió enterar la ilustrísima es de los muchos cabezazos que hay que dar para que le den a uno algo de lo que poder disfrutar. En cambio, lo que realmente le preocupa, entre otras muchas cosas, es la seguridad de su gente, de las personas que la votaron o no, pero los suyos al fin. Me comentó, en una visita de trabajo que hice al campogibraltareño pueblo del Tesorillo, que la desesperaba el hecho de no poder hacer nada al respecto en materia de seguridad porque no estaba en sus manos y que, a pesar de haberle insistido yo no sé cuántas veces a su colega Ildefonso, éste pasaba olímpicamente de todo. O sea, que le daba igual que a sus vecinos les robaran o les asesinaran en todos sus morros sin existir intervención alguna por parte de los cuerpos de seguridad. Y no quiero con éste artículo despertar el interés de algún reo que ande suelto, pero la vedad es que lo tienen a huevo.
En España, dice el presidente, estamos más protegidos que antes, y eso, señores míos, no se lo cree ni Chinchan, y miren que es golfo el protagonista de la serie infantil. Así pues, no pude por menos que ponerme manos a la obra y reivindicar, desde este hueco, lo que al fin y al cabo nos corresponde a “todos y todas”, como dice el PSOE en sus campañas de lo que sea. Porque ya lo dicen hasta en las ruedas de prensa, y no me parece mal, ojo. No se equivoquen. Pero creo que este asunto del Tesorillo merece ser reflexionado porque cualquier día me veo abriendo el telediario con Ana Blanco en esta localidad cítrica a la que para colmo de males le ha salido un novia indeseada: la ruina. Los naranjos están para tirarlos y Pérez Saldaña dice que no es zona catastrófica. Hay que joderse… Pero volviendo a lo de antes, a la alcaldesa, a Belen, cuando me expuso, encima de la mesa y cuidadosamente relatado cuáles eran los problemas de seguridad y a lo que se llegará de aquí a nada, me quedé absorto, sin palabras, cortado, sin argumentos, ¿Qué no tenéis policías aquí? Le pregunté sin salir de mi asombro. “No”. Respondió secamente ella. “No”. Volvió a repetir. Así que me dispuse a continuar con el motivo de mi visita e hice la vista gorda, pero, al cabo, insistí: “O sea, nada de nada. Que si aquí pegan un palo os la coméis con papas, ¿no?”. “Sí, así es”. Por eso mi interés sobre dedicar este artículo al pueblo de San Martín, para que luego no digan que no estaban avisados los señores a los que corresponda esta historia.
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