PUBLICADO 2004
A ver si nos aclaramos. Por cierto, qué verdad más grande y qué razón tenía aquel que dijo con la iglesia hemos topado. Ahora, yo he topado con la caja de preservativos hasta las trancas, no sé si tirar para adelante o no. Bueno, en cualquier caso, voy a lo que voy.
El pasado día 19, los titulares de prensa “corrían” la voz: “La Iglesia admite que el condón pueda ser utilizado contra el sida”. Destacaba El Mundo. “Los obispos suavizan su rechazo al uso del preservativo cuando sea para prevenir el sida”. ABC. Y así podríamos estar hasta resaltar los titulares de todos los diarios del mundo, incluido éste que sostiene usted. En cambio, 24 horas después, resaltaban que los obispos rectificaban a su portavoz argumentando que el uso del preservativo «es inmoral».
Miren, en este país, a veces, estamos obligados a oír de todo, pero lo del condón ya fue de padre y muy señor mío. De modo que, a unos curas se les ocurre decir que sí y a otros que no. Y yo, en medio de esta trifulca, ando con los pies de plomo sin saber qué hacer al respecto, porque no se extrañen ustedes de que el Todo Poderoso me enguipe y para qué les voy a contar. Pero bueno, bromas a parte, esta noticia cayó mal, creo, a la mayoría de los españoles, y, sobre todo, a los afectados por el sida. Luego dicen algunos que la Iglesia es la mejor organizada, y yo les digo que para lo que se organizan es para arrebañar con uñas de león todo lo que pueden, incluso, hasta el alma de algunos fieles que, creyeron, podían, a partir de la buena nueva, enfundarse el condón. Derecho legítimo que tenemos todos y todas, y a la Iglesia, con todos mis respetos a los feligreses, que le vayan dando, con o sin preservativos. Un error como éste no se puede tolerar, es inadmisible que en un asunto tan serio, que mata a miles de almas cada año, y cada segundo, haya podido salir a la palestra como una profunda equivocación.
En algunos artículos que escudriñé, se decía que para prevenir el sida lo mejor era —según los obispos— la abstinencia y la fidelidad. Y yo le pregunto a esta manada de cenutrios: ¿A quién le deben ser fieles los solteros, a la mano derecha o a la izquierda? Por eso les decía que a veces se oyen o leen cosas que te hace pegarte a la estufa con una taza de tila, porque de lo contrario somos capaces de darnos un trompazo contra una pared y salir de aquí de una zorra vez. Si éste asunto es una mofada de la Santísima Madre Iglesia, que se larguen al circo italiano, pero que dejen de especular de una puta vez con un tema tan delicado como del que les hablo. Además, éste portavoz —gracias a Dios que no era el del congreso—, el padre Martínez Camino, se había reunido con la ministra de Sanidad para trasladarle la noticia. Hay que tener morro. Y, para colmo de males, sale al ruedo Manuel Fraga declarando, el día 20, que él se morirá sin ponerse un condón, no obstante, para lo que le vale ya, ni siquiera se podría colocar un gorrito de lana. De modo que, en el Vaticano, el escándalo fue mayúsculo. O sea, que una catástrofe humana no forma tanto barullo en la Santa Sede como el condón.
Lo que más pena, o dolor, me causó, fue la buena fe —que a partir de ahora no católica— que demostró la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, Beatriz Gimeno, tras aprobar la Iglesia católica española el uso del preservativo, declarando: «Me parece que era absolutamente inevitable que la Iglesia católica cambiara de postura». Pues no, querida Gimeno, la Iglesia no ha cambiado de postura, aún continúa postrada en la de aquí te pillo, aquí te mato, o sea, por la retaguardia, es decir, que nos la han metido doblada. Pero en fin, así son las cosas. Sin embargo, yo pienso envainarme el condón le guste o no a la Iglesia, al Papa, al obispo o a sanrorro. Porque no me digan que no hay que echarle careto al asunto.
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