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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                      Changuitos

El otro día estuve ojeando un diccionario mejicano y flipé. Aluciné por lo salerosas que me resultaron algunas palabras al traducirlas a nuestro género. Por ejemplo, ¿sabían ustedes que “Sancho” es aquél que se toca el forro mientras los demás trabajan? O, como leí más abajo, “qué poca madre” significa decepción.

Así, tras mi curiosidad, continúo leyendo y me freno en otra palabra: “qué hueva”; que denota falta de interés, cansancio. “Mamón” es aquella persona con aires de grandeza y de poder; en España es otra cosa. “Madrazo” es un impacto violento; no quiero saber qué significa “padrazo”. Sin embargo, ante una palabra más conocida, creo yo que en todas las lenguas, no presté mucha atención, pues el significado lo van a depurar ustedes enseguida: “Jodido”, que en el mejicano quiere decir carente de recursos. En España, o en cualquier otro país, también: “No tengo un puto euro, Manuel”. A lo que el otro respondería: “pues estás jodido, colega”. Otra palabra conocida, o más bien  popular entre nosotros, es “Chingar”, pero dependiendo del asunto en que se emplee puede significar una u otra cosa. Por ejemplo: “¡No chinges!”; no protestes. Para nosotros puede querer decir que no copules, en cambio, el acto de copular para los mejicanos sería el “palo”. Hacer el amor es “palo”; cuando aquí el “palo” es el que uno se lleva si no triunfa. Algunos vocablos  mandan pelotas, como este: “Pa´mearlo”, que no es sino algo de aspecto desagradable. Se pueden imaginar a un político español diciendo que tienen un “pedote”, que significa un problema mayúsculo, un marrón de considerable envergadura y no un puntito, estar agustito o con dos copitas de más. Cuando algo carece de calidad se dice que está “pinche”, o que aquel que tiene malos sentimientos es un “culero”, que es como nosotros llamamos  a los que trafican con hachís ocultándolo en el interior de su cuerpo habiéndoselo introducido anticipadamente por el ojete. También dicen los mejicanos cuando ven a una agraciada doncella, que es una “culo de vieja”. Tampoco quiero figurarme cómo llaman a la más fea de todo Méjico D. F. 

Supongo, no lo sé, que llaman “jetear” a dormir porque para ello hay que pegar la cara a la almohada, si no a ver por qué, pero no, porque “jeta”, que para nosotros es tener un morro que se lo pisa el colega, para ellos es una gesticulación adversa. En fin.  Cuando paseamos por la calle y vemos que se ha montado una trifulca más allá, preguntamos qué ha ocurrido, pero los mejicanos inquirirían: “¿Cuál es el pedo?”

Cuando un mejicano le dice a otro que es un “chaquetero” no le está acusando de cambiar de partido político, sino de que tiene muy poco arte. Cuando aquí indicamos que estamos “de puta madre”, allí quieren decir que están “saturados”. O sea, que cuando les pregunte un mejicano cómo están, no le digan que “de puta madre”, porque vendrán a echarle una mano en el tajo.

Leyendo estos términos e imaginándome la pronunciación de boca de un mismísimo mejicano, sonrío, porque también ellos tienen  un deje muy particular y graciosillo. Me resulta simpático el mejicanismo. Cuando se le dice a un amigo que volvemos en un rato, ellos le advertirían: “volvemos al ratón vaquero”. “Arrastrar la cobija” es estar deprimido, triste, melancólico…

Ir a una farmacia de nuestra ciudad y pedirle a la farmacéutica una caja de “chochos” es pedirle una caja de pastillas y no altramuces o algo más íntimo y pecaminoso. Solicitar a alguien que coja el “chivas” no es pedirle que agarre la botella de wisky,  sino que tome sus pertenencias y se dé el piro. Tampoco se asusten si un mejicano les requiere que “dispare”, porque quiere decir el hombre que pague la cuenta, que arríe la gallina, los cuartos. Y cuando echen la primitiva, hagan “changuitos”, que no es sino cruzar los dedos para invocar la buena suerte.

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