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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                            Conquistas

En verano pasa lo que pasa, y las visitas, o los afincamientos, mejor dicho, inadvertidos, inducen la bronca. O sea, algo así como cabrearte un huevo si, además, no eres más que una escoba, es decir,  que sólo estás para cosas como quitar la suciedad del impoluto suelo de mármol que, por añadidura, te costó una pasta gansa. Pero no va de estorbos a ras de suelo el asunto que les traigo —últimamente parece que escribo crónicas de verano, pero es que convendrán conmigo que en la playa le dan a uno los artículos hechos— sino de estorbos a cada paso que das: desorden en el dormitorio, en el salón, en la cocina, en el cuarto de baño o en el armario y el garaje. Y, para colmo de males, ves al ocupa dándole pictolines a su pareja estival, algo así como pillarlos en el sofá dale que te pego a la chavala en cuestión por todos lo orificios expuestos de manera sudorosa. Dicho en menos fino: pillar al colega trincándose a la Pepi o a la Juani, o la Bane.

Pues ésa era la retahíla que un matrimonio se traía en la playa el otro día. Él se negaba a recibir tan ingrata visita que, además, le haría estar como un esclavo todo el día, quitando de en medio los sobrantes de las pizzas y, decía el fulano, que hasta los condones del sofá. Porque, al parecer, el pavo ya había engatillado a otra el año pasado, y de eso, añadía más tarde con las venas del cuello como las de un cantaor,  ni hablar. Ella, su mujer, apenas musitaba palabra, y cuando lo hacía las pronunciaba casi al susurro, porque con el numerito que ya estaba dando el paisano era suficiente.

Pero él se resistía. No se dejaba convencer. “¡El día 30 me incorporo al trabajo y de eso ni hablar. Que se quede con tu hermana, coño, que pa eso la tiene!” Espetaba en tono legionario. Ella se ruborizaba, y lo advertía con una mirada huidiza que enfocaba al infinito. “¡Eso es lo que me jode, ¿sabes? Que pa unos días de mierda que me quedan me estés dando el día. Además, que no. Que paso!”. La mala leche iba acrecentando por minutos, y también el tono de voz, que ahogaba la megafonía playera, esa que anuncia la hora: “Son las tres de la tarde. Se les recuerda que está la bandera amarilla”. Lo de la hora me parece una gilipollez y una putada, porque te recuerda que el tiempo se te acaba, pero lo de la bandera está muy bien, porque hay una manada de cenutrios que flipan, señores.

A lo que iba. Pues resulta que el señor éste, cada vez hacía bailar más el pie, y eso, a mí, me daba mala espina, y también a su acompañante, claro, porque presumía de pegarse el piro y dejarla allí arriada. Pero no, no fue así. La bronca seguía y con ella el público que la acorralaba sin perder un ápice. De modo que el fulano no se baja del rucio, vamos, que quien fuera no se quedaba en su casa porque no le salía de la talega, y punto. No había forma humana de convencer al hombre. Eso revela que el mozo que pretendía usurpar su legítimo hogar, se las traía consigo, de ahí que nadie, ni tan siquiera su cuñada, la hermana de la que aguantaba el chaparrón, se quisiera hacer cargo del colega, porque de ese modo acabarían todos en un camping.

“¡Vamos, que yo no pueda estar tranquilo ni en mi propia casa, manda huevos!” Esto último me recordó a Federico Trillo. “¡Qué no, coño. Qué no. Que se quede contigo en un hotel!” Le soltaba de nuevo a su mujer cuando ella le murmuraba  algún comentario al respecto. La verdad es que la dama era modosita. No se alteraba. Sólo atisbaba a su alrededor para espantar las miradas que media playa le endosaba. Castellanizaban muy bien y eso manifestaba que venían del norte, así que un primo, un cuñado, un sobrino o el vecino de la esquina, se quería tirar aquí unas vacaciones por todo el morro aprovechando que este matrimonio se encontraba en Algeciras trasladado. Digo yo. Si no, a ver cómo.

Tras media hora de discusión, se dieron el piro. Lo lamenté. Porque ella se fue disgustada, cabizbaja. Como diciendo: “Qué cabecita más dura tienes, Ramoncito de los cojones. Ya verás como se quiera quedar tu hermana en casa, que le va  hacer la cama, tu prima la toledana”.

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