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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                       Escepticismo general

Ya han pasado unos días desde que ETA anunciara un alto el fuego permanente y aún se percibe en el ambiente, en el pueblo, entre los ciudadanos como usted y yo, un cierto aire de preocupación y desconfianza a pesar de que Zapatero se haya sentido confiado (pero discreto)  y tranquilo y cobre también serenidad en el Congreso con la colaboración de los grupos políticos allí representados para tratar este asunto con el máximo miramiento y temple. Los ciudadanos españoles estamos acostumbrados a darnos una bofetada con los catorce comunicados anteriores sin que se hubiese alcanzado acuerdo alguno y sin que la banda armada haya depuesto su actitud en las cuestiones sangrientas. Es natural, por tanto, que nuestra sociedad, que lleva vislumbrando con horror la cantidad de muertos que se ha cobrado ETA, se sienta un poco escéptica y rechace todo cuanto de esperanza se debiera dibujar en el ambiente.

Las cosas no se plantean fáciles y en estos días, meses y puede que años, se dejen los políticos el rabanillo en las negociaciones, charlas, pactos, desatinos y reproches, pero en cualquier caso, creo, todo esfuerzo merecerá la pena si con ello intentan, o mejor dicho, ponen toda la carne en el asador para que ETA no sólo haga perdurar —si es que va a ser así— la tregua, sino para que la banda terrorista entregue las armas para siempre. Opiniones a este respecto se han expuesto en todos los medios de comunicación de nuestro país y del extranjero pero sin embargo, aún la sociedad no lo tiene claro. Menos aún la AVT, manifiesta su presidente, Francisco J. Alcaraz,  en una entrevista concedida a un periódico de tirada nacional “haber quedado claro que ETA ha utilizado las treguas para conseguir lo que no ha conseguido con la extorsión, el asesinato y el secuestro”.

Otra de las preguntas que se hacen las gentes en el chascarrillo del bar, el trabajo o la prensa, es si los dos partidos más fuertes de España van a estar a la altura de las circunstancias cuando más se les necesitan. A esta pregunta no responde nadie, porque, entre otras cosas, nunca han estado a la altura en lo elemental cuando se les ha requerido —tampoco con el 11-M lo están todavía—, así que figúrense ahora. Pero se descubre, no obstante, entre la clase política, una predisposición sin precedentes, aunque habrá que estar atentos cada día a lo que  ocurre, se dice, se precisa y se hace para favorecer la paz imperecedera de una vez por todas. Esta oportunidad, como es obvio, de anuencia y diálogo con la banda —si es que se engendra— permitirá a nuestra sociedad y al gobierno de la Nación hacer una profunda reflexión sobre adónde nos dirigimos y hacia adónde queremos ir los ciudadanos y gobernantes hastiados ya de tanta violencia injustificada. Los políticos, pues, deben saber que los ciudadanos —importantes también en este proceso—, a pesar de esa desconfianza generalizada, van a estar ahora, y más que nunca, atentos a los acontecimientos porque entre otras cosas todo está muy en el aire y las opiniones, debates en televisión y radio nos están acercando quizá a una visión clara y propia de cada uno de ellos, y deben saber también los que nos gobiernan, y los que no también, que nuestra gente estará muy vigilantes, de igual modo, más adelante, y que cada paso que den, tanto los del PP como los del PSOE, será muy valorado o nada reconocido por sus conciudadanos cuando toque el momento, y es por eso que pienso que se lo van a currar esta vez, no les queda otra. El rey don Juan Carlos mostró también su hálito de esperanza aunque como recomendaran todos, pidió “cautela y a esperar”. Pues eso, hagamos acopio de todas las palabras —sensatas hasta el momento— que se han puesto sobre el tapete y seamos, esta vez, un poco pacientes y menos escépticos, porque creo que ahora se puede hacer algo bueno de lo que todos nos podamos sentir orgullosos.

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