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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                     Hasta las orejas

Hablando de artículos, Isaías, a ver si haces uno sobre lo que me pasó el otro día, me dice Carlos, un compañero reportero de Canal Sur. Me contó la historia y flipé en colores, o mejor dicho, en blanco y negro, porque el asunto era de naturaleza tercermundista.

Resulta que Carlos andaba un poco teniente de los dos oídos porque según él no tenía una pelota de cerumen, sino dos botas camperas. Así, con las molestias que acompañan la movida, se va a la mutua y le dicen allí que no es asunto laboral, porque la cámara de televisión no produce sordera, ni cerumen (lo que no saben estos es que si pierde Carlos el equilibrio con la cámara a consecuencia del oído, puede haber otro accidente laboral más para la lista). Lo que no sabe el panoli que le atendió, es que con una puta cámara al hombro te da el viento de lleno en los oídos, te los mojas cuando llueve y te entra la areniña cuando grabas en la playa con un Levante de tres pares de huevos. Pero al parecer, los de la mutua no se coscan de eso; porque ni llevan una cámara al hombro, ni les da el viento de Levante (ni de Poniente) ni se mojan en invierno. Ni se acojonan cuando un barco se escora. Ni se les ponen de corbata cuando un helicóptero hace brusquedades con las turbulencias, ni se hostian en un acantilado cuando hay pateras, ni van a toda leche con el coche para llegar a tiempo del informativo (esos que ven cómodamente en sus casas a las tres de la tarde), ni pasan calor en verano ni nada de nada. Así las cosas, mi colega decide ir al ambulatorio y le dicen allí que lo único que pueden hacer por él es darle un volante para que un ATS, una semana después, le hiciera una limpieza. Carlos, indignado y molesto con las orejas, y un poco hasta la talega de ir de aquí para allá sin que le solucionen el problema, se pasa por el forro –con indignación, mala leche y todo lo de más- lo que le dice el facultativo y se encamina a otro centro de salud, pero de pago. Nada más llegar, le atienden tan bien que casi parecía que se lo comían a besos. Lo invita el doctor a pasar a una sala de curas y, sin más dilaciones, y el pescuezo torcido –parece que lo estoy viendo-, le meten un chorro de lo que sea y hasta luego, Lucaaaarrr. Claro, a cambio de 25 euros. Pero ya está. A la mierda con la mutua y la Seguridad Social.

Resulta, y eso también lo desconocen los de la mutua y los del “seguro”, que mi colega Carlos es autónomo, que se paga la mutua de los huevos y la cotización mensual a la “Seguridad Social” con todos sus esfuerzos, dolores de cabeza, trabajando como un cabrito de sol a sol y que nadie le ha regalado nunca nada. Y que encima tú vayas a la mutua y te digan que te des un garbeo manda cojones, señores. Pero eso es lo que hay. Para eso pagamos, para que nos den el piro. Largo de aquí, que la cámara es mano de santo. Hay que joderse. Si en mis manos estuviera, le diría a los de la mutua y a los del centro de salud de la Junta, que hoy no ven la tele porque ellos no tienen derecho. Así, como se lo digo. Hoy no hay tele. Que hagan un puzzle o lean una novela. Lo siento, señor, pero si usted es médico, hoy no hay televisión. Váyase al cine, que hace mucho tiempo que no ve una buena peli. Y cuando me digan que están malitos en la cama y que quieren ver la tele un ratito, les diría que por qué se ponen malitos, si los médicos precisamente están para eso, para no ponerse malitos. Que no, lo siento. Que hoy no hay tele. Es más, la jornada de hoy se la dedico a todos mis compañeros de los medios de comunicación, y a los que curan nuestros males, cuando se encuentren hoy frente al televisor, que se acuerden de mi compañero Carlos, y de sus cotizaciones, y de sus molestias, y de que los reporteros gráficos las pasamos putas para entretener a la peña. Al cine, que es más entretenido.

  

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