PUBLICADO 2006
Imposible. No puede haber una cadena de televisión en la que no aparezca en sus informativos un político. Este sería el sueño de muchos profesionales y el de uno muy especial. Es Javier Sardá, y a estas alturas de la película no vale que salga diciendo que la tele será tele cuando no salgan los políticos en la pequeña pantalla. O algo así, creo que leí en una entrevista que le hicieron.
Si en los telediarios contásemos sólo y exclusivamente lo que le ocurre a usted o a mí sin que un gobernante dé la cara, esto sería un campo de exterminio político. Imaginen, por ejemplo, que le dedicamos cinco minutos a los sucesos, otros cinco a la caída de la bolsa de Madrid, otros cinco a la falta de viviendas para los jóvenes, otros cinco a los incendios forestales, otros cinco al terrorismo, otros cinco a la transferencia de los derechos humanos para los monos, otros cinco al mundo del arte; la cultura en general... Pongamos que ofrecemos otros cinco minutos a los accidentes de tráfico, a la tala de árboles de Recoletos, a la indigencia, al estado de la Seguridad Social, a la Violencia de Género, al mangoneo de Marbella —y otros—, a los accidentes laborales y a las malas gestiones internacionales. Pongamos como muestra el problema de la inmigración. El tiempo restante en el noticiero se lo vamos a regalar al equipo “galáctico” y al “azulgrana”. De todo este tiempo editado en el informativo, no hemos ofrendado ni un sólo minuto a los responsables de los ministerios de cada apartado citado anteriormente. O sea, que ni el ministro de economía ni el de trabajo y seguridad social han podido salir a la palestra para dar las correspondientes explicaciones, como tampoco el responsable de tráfico —apuntándose las medallas de la baja de muertos en las carreteras— ni los responsables —en este caso ZP— de aquellas promesas en la última campaña electoral en la que se ofrecían casas para los jóvenes de nuestro país —lo único que de momento se ha conseguido es que las viviendas suban y se sitúen en las nubes más altas—. Supongamos que luego del fallecido —de origen peruano— en Afganistán no concediéramos unos minutos a Zapatero, ¿saben lo que ocurriría? Que nos machacarían. Así pues, si llevásemos a cabo tal utopía, las urnas se iban a quedar vacías. Pero cómo íbamos a no conceder ese tiempo de incalculable valor a los políticos. Si hasta los alcaldes llevan pegados al lomo al jefe de prensa y al fotógrafo. ¿Se imaginan no salir en la tele?
Por esa misma razón, los que creen practicar, o ejercer —que no lo consiguen ni soñando—, las Ciencias Políticas, necesitan del mejor recurso publicitario gratuito del que disponen, y por mucho saneamiento que se haga en las cadenas de televisión, radio o prensa escrita, el poder político ejerce un papel fundamental, esto es que, salga el sol por Antequera o Atapuerca, la independencia informativa en nuestro país, o en cualquier otro, deja mucho que desear. Hombre, no lo digo por manada, sólo porque este capítulo de la película lo veo todos los días: cuando me siento en el sofá a ver las guerras de medio mundo, cuando leo la prensa o cuando oigo la radio. Y cuando me incorporo cada día a la jornada laboral, que ya creían ustedes que no lo iba a mencionar, ¿eh?
Si no salieran los políticos en la tele, la radio —últimamente la radio— y la prensa escrita, imaginen el chocho que se montaría. Por algo existen los favores mediáticos, lo vemos casi a diario. Quien no tiene padrino no se bautiza, ya saben.
Es por eso que, no desechando una reflexión inteligente por parte de Sardá pero tampoco riéndole la gracia, eso de que la tele no será tele hasta que los políticos dejen de salir en la pequeña pantalla, es una memez, porque lo que quizá le haya dado una visión más clara a la caja tonta haya sido la desaparición de Crónicas Marcianas, como del mismo modo deberían exterminarse los espacios del “corazón” (Pantoja y Julián incluidos) y tanta basura mediática de la que se emborrachan cada día cientos de miles de adictos a los despojos.
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