PUBLICADO 2006
Qué poca imaginación tiene la industria cinematográfica española que, a excepción de Torrente II, que se rodó en Marbella y que metió en la trama algo de mafia (con mal gusto), no se ha rodado ningún otro título en la Costa del Sol que trate el asunto del dinero bajo cuerda. Y la pena de esto es que Pablo Carbonell estuvo algo desatinado cuando filmó Atún y chocolate y vistió la localidad de la mojama de buscavidas a costa de lo que fuera, como por ejemplo robar un atún para la celebración de una boda o hacer que un moro defecara bellotas de hachís. Se hablaba en el guión de los bosquimanos y toda aquella parafernalia barbateña, pero no hubo huevos de hacer la fábula en la ciudad de Marbella con ladrillos y cemento, entre otras cosas porque no le hubiera venido bien a la imagen de aquella localidad. Marbella da para un Marbella, ladrillo y chocolate de mucho éxito en taquilla, pero nadie le mete mano.
Se me viene a la memoria la cantidad de veces que he ido a la ciudad del sol, de la mafia y las especulaciones, para grabar las ruedas de prensa que convocaba García Marcos, esa rubia fashion, enjuta, de andares a lo Barbie y de labios engrosados que tanto odio y delitos le sacó al ya desaparecido Jesús Gil y Gil. Decía la comadre, que los del Grupo Independiente Liberal eran unos ladrones, unos mafiosos, unos asesinos, unos déspotas y corrupto. Decía García marcos en sus declaraciones de antaño, antes de llevarse la pasta y tonto el último, que Marbella era un gran paraíso para la corrupción y la mafia y que donde tenían que estar los ilícitos era en la cárcel. Y así fue. Luchó la colega con dos huevos y metió a Jesús en el trullo, y, miren por dónde, ahora es ella la que está disfrutando de unos días a la sombra, y puede que hasta oyendo las voces fantasmales de quien fuera alcalde de Marbella.
Los principales responsables del consistorio, entre los que se encuentra la alcaldesa, Marisol Yagüe, van a estar unos días más comiendo del rancho por presunta corruptela y después no pasará nada más. Las aguas volverán a su cauce y cada cual a su cortijo, y esto último, nunca mejor dicho. Este pestilente asunto de la corrupción urbanística y toda la parafernalia marbellí, tiene un grado aún peor de suciedad, y es que el pueblo llano, ese que noblemente votó a quien o quiénes creyeron oportuno, se está llevando la sucia imagen de quienes se han dedicado a mangar en vez de a gobernar. Pero no deben preocuparse, porque si pusieran bocabajo muchos ayuntamientos de España, saldrían pelusas de hasta debajo de los cimentos de los edificios consistoriales, pero como en Marbella una medalla vale más que si te la curras en Villaverde del Amoniaco... Aunque también es innegable que en otras ciudades españolas no hay rubias con labios artificiales y de torsos Danone con dos huevos que meta en el talego a un alcalde y se coloque ella para llevárselo calentito, pero que no les quepa la menor duda de que si estas investigaciones se llevaran a cabo en otros consistorios no muy alejados, las concejalías de urbanismo no las querría nadie. De todo este entramado es lo que me revienta: que quienes criticaron y denunciaron a los corruptos ahora estén en Alhaurín de la Torre también por presuntos rateros.
No obstante, me quedo con una buena peli que aún no se ha rodado, pero yo, de ser el director, le pondría el título que lleva hoy este artículo. Si bien he de mencionar que de literatura ya está guardada Marbella, recordarán la novela del escritor Félix Bayón De un mal golpe, ambientada en la corrupción marbellí. Marbella ha sido, es y será un filón de oro y el blanqueo de dinero procedente de otros países está a la orden del día —incluido en sus plenos— y esto dará para un film, una serie documental y miles de libros. Pero todos, bajo el título Marbella, ladrillo y chocolate.
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