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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                Por el pueblo saharaui

Ay, qué pena. Mira que decimos cada mes de diciembre casi todos los articulistas que no sólo hay que colaborar en Navidad. Porque convendrán ustedes que cada víspera navideña los anuncios de las oenegés pidiendo manduqui para los más necesitados rellenan buenos espacios en los diarios además de los huecos en las cadenas de televisión. Pero no sólo las asociaciones que velan por los más desamparados suplican, también los famosos se acercan a la pequeña pantalla pidiendo ayuda. Es natural.

Lo que ocurre es que únicamente por aquellas fechas se toca la sensibilidad de los que guardan con recelo un euro en la talega para que aporte su voluntad, que suele ser, en el mayor de los casos, una aportación valiosísima. También se despliegan medios y se  solicita ayuda  para aquellos países que han sufrido un tsunami o un terremoto de gran, o no tan gran, magnitud. El caso es que se pide colaboración y la gente, como siempre en este país, se deja de caer, vamos, que socorren, las cosas como son. Sin embargo, no he percibido la misma demanda para restablecer la normalidad en los campamentos de refugiados del Sahara por las inundaciones que hace escasos días nos erizó la piel. Por cierto, me avergüenza que aún le tengamos que llamar “campamentos de refugiados” porque a los políticos de turno les salga del forro. Se vieron, como decía,  con el agua al cuello más que nunca, por apuntarlo de alguna manera. No digo yo que no se haya movido la peña, que por supuesto que sí, me refiero a los ciudadanos. Me da la sensación de que no se ha aportado lo suficiente, y no sé si se debe a que no ha salido en la tele una pivita buenorra pidiendo colaboración ni subastando un torero su capote de paseo o es que la peña no se ha enterado aún de que al pueblo saharaui se le ha venido encima la grande.

La Junta de Andalucía y el gobierno central han aportado ya sus ayudas humanitarias y se han movilizado oenegés para paliar la desgracia, pero no se ha hecho, por ejemplo, ningún telemaratón; ni se le ha prestado tanta atención, o el suficiente tiempo, en los servicios informativos de las cadenas de TV a este problema que se esta viviendo en el pueblo hermano; porque, dicho sea de paso, ése sí que es nuestro verdadero pueblo hermano.

Decía alguien en un programa de radio que oí el otro día que “si la mierda valiera algo los pobres no tendrían culo”. Y qué verdad más grande. Resulta que cuando una zona del planeta sufre una determinada desgracia todos los países del mundo, o casi todos, se vuelcan en el asunto, es como si desgravase en la hacienda mundial el dinero que se aporta, y, por el contrario, cuando le toca al pueblo saharaui no llega  bastante. Es como si se les hubiera caído la rebanada de pan por el lado de la manteca (la margarina, claro, porque manteca de la otra poca se les pueden caer a las criaturas).

En condiciones normales, y se lo comento porque estuve en el 94 en aquella zona haciendo un reportaje, el pueblo saharaui se las ve y se las desea para sobrevivir cada día, así que se pueden ustedes imaginar cómo lo deben de estar pasando en estos momentos. No quiero, ni mucho menos,  personalizar esta catástrofe con otras de mayor o menor repercusión, pero debo manifestar que no sólo en Navidad debemos ser buenos y solidarios, también toca en el mes de febrero y por el pueblo saharaui. Sí, por ellos. Por esos niños y niñas que nos traemos todos los veranos (y los que no los traemos nos emocionamos igualmente cuando los vemos el la tele). España, según los estudios realizados a este respecto, es el país más solidario de la Unión, y es por ello que debemos seguir en ese ranking bondadoso. Debemos hacer un esfuerzo para que Amigos del Pueblo Saharaui pueda comprar alimentos y mantas, ropa y cuanto necesiten nuestros queridísimos amigos para salir de esta gran putada que la vida, una vez más, les ha brindado. Porque la vida es perra, pero algunos seres lo son aún más.

Escarbemos en los bolsillos que seguro encontramos un par de euros, y cuando lo tengamos en la mano, con la otra abrimos la puerta del banco, nos dirigimos a la ventanilla y los endiñamos; que ya verán ustedes lo bien que se duerme esta noche, aquí y allí.

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