PUBLICADO 2006
Hay guiris maleducados que andan por ahí sueltos como perros sarnosos. O más bien, diría yo, no son guiris, sino un rosario de mal nacidos que vienen a jodernos a los españoles. Hay cientos de extranjeros que vienen a España a formar el taco. A emborracharse, a mirarnos por encima del hombro y para darnos una puta propina porque creen que somos unos pobres en la insólita miseria. Y nosotros, claro está, le reímos la gracia porque comemos de eso: de sus retorcidas tripas.
El otro día estuve trabajando en Chipiona con el último adiós a la Más Grande cuando luego del entierro fuimos a comer un grupo de compañeros. Acabado el almuerzo, salimos del restaurante y volvimos a la unidad móvil para retomar la tarea y me veo, camino al sitio en cuestión, a un colega que estaba en la barra de un bar con su ordenador portátil dale que te pego a la tecla. Me acompañaba Pepe Abalo, otro compi de la tele. Accedimos al bar y saludamos a nuestro común correligionario y mientras charlábamos entró un cabrito inglés en el bar. “¿Me de-ja pa-so, por-fa-vor?” Le pide el caprino a Pepe Abalo en un español que no lo entiende ni la madre que lo mal parió. Al poco, una vez mi compañero se retira del umbral para facilitarle el acceso al capullo, añade el guiri: “Es que, con el cu-erpo que ti-e-nes...” Lo dijo con una sonrisa y ademán recargado. Se refería el extranjero a que con aquel cuerpo cualquiera accedía al interior del local. Y es que mi compañero es algo corpulento, gordete, alto y forzudo. Yo me quedé mirando a Pepe previendo lo peor. Sus ojos apuntaron esta vez a los míos y nos preguntamos en silencio: ¿Se lo dices tú o yo? ¿Le metes tú primero la propina en los huevos y luego voy yo, o lo dejamos como está? Y eso hicimos, dejarlo como estaba.
Este inglés de marra no sabe que los españoles estamos mejores educados que ellos. Ocurre igual con los alemanes, que van a Palma de Mallorca a emborracharse y liar la bronca, quemar coches, tirar el mobiliario del hotel por la ventana y dar el coñazo toda la noche —lo digo porque lo he visto—. Entre ellos y los ingleses dista poco. ¿Es que este cerdo no mira sus mórbidas carnes cuando aterriza en su puto país? ¿Es que no hay gordos y gordas en su puta Gran Bretaña? Claro que sí. Lo que ocurre es que si allí le dice a un fulano que está muy gordo y que no puede pasar por la puerta, le endiña una hostia que le cruza el careto de impresentable que luce. Pepe lo volvió a mirar. Yo no dije nada. Pensé: si a mi compañero le da por irse hacia él y ponerle la cara como un Cristo, no lo impido. Que se joda el inglés. Si le pone la boca en la nuca, que le den por la retaguardia, por capullo. Que aprenda. Al cabo, con un gesto de la cabeza me indicó Pepe que nos fuéramos. El otro seguía allí con el portátil mientras mi acompañante y yo nos comíamos al ingles y a toda su puta casta. Al salir del bar, me dice Pepe con un suspiro entrecortado: “qué hijoputa, ¿no?” Aquella ira se le fue a Pepe con el quejido. Fue entonces cuando yo me relajé y supe que el peligro ya había pasado y que el puto inglés se había escapado por tablas. Si Pepe le da sólo con el aire que deja su mano al desplazarse a gran velocidad, el anglo tiene que pedir en el hospital del SAS el traslado a uno de su país, porque no iba a haber en España especialista que le restaurase el careto de mamón que llevaba sobre sus hombros.
No sé qué hacía un fulano de esa estirpe en Chipiona, pero da igual. El camarero oyó lo que le dijo a Pepe y se hizo en sueco. Lo mismo hubiera ocurrido en Marbella, o sea, que se les permite todo a estos mamelucos. Es decir, que si queremos comer del turismo tenemos que aguantar que un pringao nos diga a la puta cara que estamos gordos, cojos, mancos o que somos unos incultos de aguántate que vienen curvas. Eso es lo que hay: o te lías a guantazos y formas el taco o te jodes, agachas la cabeza y te planteas un régimen porque a un inglés le salió de los huevos. Eso si no te da por ir al psicólogo porque te has pillado una depresión a cuenta del asunto. Porque claro, ahora se pregunta uno: ¿Tan gordo estoy que no entraba el anglosajón? No, no es eso, Pepe. Es que el inglés es un cabrón estés gordo o escuálido. Ellos son así, compadre.
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