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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

PUBLICADO 2006

Isaías Bueno.                                      Un turista perdido

Esto tiene arte, señores. Hay que ver la de burras que nos intentan vender por la cara. Como si fuéramos tontos del haba o un tonto por el estilo. Nos endosan un número de visitantes —lo hizo la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar— durante el pasado festín de Semana Santa y los colegas se creen que ya está todo hecho. No les cabe nada… La comarca llena al 95%, decían. Pero en qué condiciones.

El miércoles pasado me voy a Castellar Viejo, por la mañana, para ver y respirar el castillo y referirles a ustedes en julio una historia. Y resulta que me acerco a un “punto de información” para pedir unos dípticos donde le  venden a uno aún más burras y me veo un cartel cutrísimo, escrito a mano, con mala letra, en español, inglés y, creo, que alemán, en el que se me dice que está cerrado o no se atiende “hoy”. Algo así decía el poco creativo cartel. El caso es que la puerta del edificio estaba abierta, y se oían voces procedentes del piso de arriba, pero como no se atendía a nadie pues me di media vuelta. Ah, por cierto, la información del cartelito de los huevos comenzaba con el signo de exclamación (¡!) como diciéndote el mensaje a gritos. O sea, dándote ya de entrada la patada o algo así.

Bajé al pueblo de Castellar, y me dirigí al consistorio por si allí tenían a disposición del visitante alguna información de interés turístico y mientras aguardo a que una chica, muy amable, por cierto, me atendiera, oteo unos dípticos que reposan sobre el mostrador, digamos, que de recepción. Y leo en estos algo de perros y gatos, asuntos para el inmigrante y, sobre una mesita, El Periódico de Sotogrande. Hay que joderse. Me puse de mala leche  porque me olía el pestiño.

“Hola, qué desea”, me pregunta cortésmente la funcionaria. “Pues venía buscando unos trípticos de información del castillo y el pueblo”, le respondo. “Ay. Pues lo siento, pero de esos no tenemos”, se lamenta la muchacha simpática. Pero otra que se aproxima al mostrador, también funcionaria del ayuntamiento, añade: “lamentamos no tener nada de eso”. “Ya lo hemos pedido”, prosigue la otra, preocupada por no poder atender una demanda tan ridícula y básica como esta. Pero se esmeró. Buscó en los cajones que había detrás del mostrador. Buscó también por su mesa, por encima del mostrador… Hizo memoria por si en algún departamento podían hallar alguno… Pero nada. “Lo siento mucho pero no puede ser, oiga”. Bueno, no se preocupen, no pasa nada, les digo. “Sí que pasa. No sabe usted la de gente que nos ha venido esta mañana pidiendo lo mismo”. “Es verdad, todos los días vienen gentes”, dice su compañera. A estas dos funcionaria les daba yo un 10 por su buen y educado trato hacia mí y su eficacísima labor. Se mostraron dispuestas, como pocas funcionarias, las cosas como son, y decididas a ayudarme. Si hubiese sabido sus nombres lo hubiera publicado, porque se lo merecen, pero al concejal de turno que lleva el asunto este del turismo, las fiestas o lo que sea, o como se llame quien tenga la ocupación y obligación de promocionar el pueblo, le doy un cero patatero. Sí señor. Un cerote sin premio. Sin embargo, este mismo concejal que debe de ir a la imprenta a encargar unos folletos cutres para el turista, se parte luego la retaguardia para que el  stand de FITUR quede guay del paraguay, se hace la foto con los altos cargos y se endosa las medallas. Desconociendo, claro está, que a fin de cuentas quien pone las medallas somos nosotros, los visitantes, los turistas, gente como usted o yo que quieren conocer una ruta, un buen restaurante o la cultura medieval del castillito de los guirys. Así que no presuma tanto esta comarca de turismo porque todavía estamos a la cola del vagón. Y digo yo, que las personas que se dediquen a vender nuestra zona, que al menos estén en disposición de lo mínimo en marketing y turismo. Si no, estamos arreglados.

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