PUBLICADO 2006
Hace ya de esto que les referiré, unos cuantos meses. Ocurrió el pasado mes de enero. Aquellas palabras brotaron de la escabrosa y repugnante boca, o cavidad infernal por la que rumia el personaje que les presentaré, con el ímpetu de quien da a diario muestras claras, clarísimas, del odio a la raza humana y, puede, que hasta a su propia figura, así que figúrense cómo anda el hijo de su gran madre de amargado.
Se llama Pepe Rubiales, gallego, pero vive en Cataluña, es actor, aquel que protagonizó la serie Makinavaja, ¿recuerdan? Fue invitado a la cadena pública catalana de televisión TV3 y en su intervención respondió groseramente a una pregunta del presentador y director Albert Om, que no quedó muy alarmado por las afirmaciones del actor. Allí mismo dijo este mamarracho, refiriéndose a nosotros, a los españoles: “la unidad de España me suda la po... (el resto lo añaden ustedes) por delante y por detrás. Que se metan a España por el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgados del campanario”. Eso, exactamente, vomitó Pepe Rubiales de los españoles entre otras lindezas que no voy a transcribir aquí porque va a resultar que el grosero soy yo. La pregunta fue su actitud frente a la unidad de España. El presentador sonreía impávido y el público aplaudía excitado.
Luego de este escabroso insulto a España y a los españoles, Pepe Rubiales quiso estrenar en Madrid, en el Teatro Español (hay que joderse, después de putas apaleadas), su obra de teatro Lorca somos todos (fíjense qué curioso, una obra sobre Lorca, un español, un granadino), pero el alcalde de Madrid, Ruíz Gallardón, no tuvo a bien, “para evitar conflictos”, dice, acoger la obra, y la retiró de los carteles. Así las cosas, y los españoles guardándole la bofetada, en un programa de radio Rubiales pide disculpas por las declaraciones y alega que no iban dirigidas a nosotros, sino “a esa España de los militares y Tejeros, militares golpistas, que ahora (enfatiza) hay que aclararlo todo”. Tampoco sé yo, no obstante, dónde está ésa España que narra el fulano, pero en fin.
Como era de esperar, los grupos progres, esos que lo defienden porque, según ellos, hay que respetar la libertad de expresión (definición de la que, a mi juicio, ningunos, ni Pepe siquiera, saben qué significa) y sentencian al alcalde de Madrid porque, quizá, digo yo, no quiso que el insultante comiera y pagara su hipoteca de los insultados. Miren, si soy yo el alcalde de Madrid hago lo mismo, y si es el alcalde de mi pueblo el que trae a Pepe Rubiales, le monto un pollo que flipa. Es decir, que pago mi entrada para que Pepe tenga para comer, y al alcalde, del mismo modo que hizo Rubiales con nosotros, le expreso mi opinión, de la que también tengo derecho de uso.
Yo no soy más español que nadie, ni nadie va a ser más español que yo. Simplemente soy español, nacido y criado en Algeciras, Andalucía, y a mí no me viene un pelele, o capullo profundo, o gilipollas engreído, a decirme que me meta a España en el culo. No sé quién le paga a Pepe Rubiales, pero desde luego hay una cosa que no me cuadra: cuando los políticos están hablando de no desunir a los españoles y de no crear rencores ni discordias, este elemento suelta por esa boca lo que le viene en gana y encima le aplauden.
Después de la negación de Gallardón, algo que aplaudo, Pepe Rubiales logra teatro en la capital de España, y ese teatro es propiedad de CC.OO (mejor dicho: de Comisiones Obreras; a ver si me va a ocurrir a mí lo mismo que a Urdaci con aquello de “cé, cé, o, o”). El sindicato, después de ceder, gentilmente, el teatro, se plantea otra cuestión: la seguridad, los altercados. Así pues, pidió protección (ya sabe la que se le viene encima, y yo no me lo pierdo) a la Delegación del Gobierno, pero el vicepresidente de la Comunidad madrileña puso “en manos de Rubiales la responsabilidad de lo que ocurra”. La obra se representará los días 28, 29 y 30 de septiembre. Que Dios lo coja confesado. Quien siembra papas, ya sabe lo que recoge.
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