Blogia
PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

Isaías Bueno.                    Soñar en blanco y negro

Una vez vi en la tele, en la que había en aquellos años, o sea, en Televisión Española, un documental sobre unos animales. Esos animales eran ciervos, águilas, buitres, jabalís, halcones, lobos, jinetas, ardillas, paisajes increíbles, lagos, ríos..., y, por encima de todo este mágico mundo que se abría en la caja tonta, y miren que era en blanco y negro, vi un montón de personas que decía el locutor eran los que hacían posible que yo, en aquel momento, pudiera ver aquello. Descubrieron las cámaras, los focos, a los operadores, a los reporteros, a los técnicos de sonido, a los productores, los montadores... Fue en un capítulo de Félix Rodríguez de la Fuente. Desde entonces, cuando día tras día la tele se descubría en el salón de mi casa, cada tarde y noche yo pegaba los ojos en el aparato esperando ver a esos hombres y mujeres que hacían posible que yo pudiera ver las cosas que me gustaba ver. Por cierto, uno de aquellos miembros del equipo de Félix es Alberto Beato, reportero gráfico del Centro Territorial de TVE Andalucía con el que comparto mucho currelo. Algunos veranos me hizo las vacaciones. Dentro de poco se jubila.

Algunas veces, se desnudaba un estudio, es decir, era raro ver las cámaras, los cables, los focos, las cortinas, y cuando al realizador se le iba un plano y se mostraba una pequeña parte del decorado en bruto, todos decíamos: ¡Mira, mira, se ha visto el estudio! Cuando una cámara tomaba la imagen del público, se les veía mirar de reojo a cámara, con mucha discreción, y cuando se veían en el monitor de enfrente, hasta esbozaban una sonrisa como diciendo: “mira Pepi, ésa soy yo”. Para todos la tele era algo familiar,  pero también extraña y complicada. No sabíamos cómo se hacían todos aquellos programas que veíamos. No sabíamos cómo era posible que un hombre o una mujer pudiera llegar a nuestros hogares así porque sí. Pero nos gustaba. Los programas unían a las familias y no fue necesario acostarnos tan temprano porque lo que se emitía lo podíamos ver también los niños.

Con todo, yo me quedaba con aquellos reportajes que te acercaban a la actualidad porque en ellos esperaba ver a alguien detrás de la cámara, pero nunca aparecía nadie. Delante sí, a los que presentaban o conducían los programas y reportajes de actualidad los teníamos hasta en la sopa, pero a los otros no los sacaban nunca. Lógicamente.

Pasaban los años y, miren por dónde, voy con mis padres a una corrida de toros y allí estaban, de pie, con unos auriculares en los oídos, con unas cámaras enormes sobre tres patas. Rodeados de cables y de todo aquello que yo esperaba ver a través del televisor. Nada más llegar a la plaza de toros, vi los camiones (unidades móviles) con el logotipo de nuestra tele, el característico “TVE” que en aquellos años lucía con los colores primarios: el rojo para la “T”, el verde para la “V” y el azul para la “E”. Al acomodarnos en el tendido, busqué las cámaras. Justo a nuestro lado había una. Para mí no hubo corrida de toros, ni patatas, ni refrescos, ni paseíllo, ni la madre que me parió. Para mí, sólo estaban aquellas cámaras, los hombres que las hacían funcionar y yo: un chaval de poco más de diez años. Pasé toda la tarde admirando los movimientos. Las panorámicas, los cabeceos, los dedos del operador controlando el zoom, el diafragma o asegurando con las palancas el trípode; que era de madera y pesaba —lo supe muchos años después— más que un muerto. Después de ver aquella escena que tan escondida estaba en los estudios, siempre quise ir a las corridas de toros, pero cuando llegaba a los aledaños del coso y no veía camiones de la tele, me fastidiaba.

Han pasado muchos años, y ahora, cuando celebra el 50 aniversario de Televisión Española, evoco este trozo de mi infancia desde este otro lado de la pantalla, y observo que una vez la vi, al verla soñé y soñando descubrí su inmenso mundo. Un mundo maravilloso que corre por las venas de los que la hacemos posible para que usted y niños como el que fui yo, sigan soñando al verla o con hacerla, pero soñando al fin.

0 comentarios