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PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

Isaías Bueno.                         XXL y contaminación

Supongo que todos hemos acogido con interés el bombardeo hamburguesero que nos ha estampado el ministerio de Sanidad la semana pasada,  los medios de comunicación y los anuncios de las XXL que la ministra quiere hacer desaparecer.  Si de una cosa estoy seguro, es de que ya no somos el hazme reír de Europa, sino los artífices de un circo hispanoromano de alta envergadura, porque ahora no sólo vamos a los burgues a comernos una amburguesa, sino que celebramos los cumpleaños de nuestros hijos arropados por la comida rápida que nos engorda como a cochinos.  Porque, dicho sea de paso, nos pesa, nos duele, nos hiere, nos asfixia, nos estresa, nos hunde y nos maltrata celebrar los cumpleaños en casa con un chocolate, un bocata y la tarta como se hacía cuando yo era un crío. Es que somos perros, señores. Y señoras. Y si ahora nuestros hijos engordan pues que nos vayan dando, porque somos nosotros los que les mostramos primero dónde están los garitos para que cuando sean algo mayorcitos vayan ellos solitos o con sus churris a zamparse la de 300g con los 30 euros que les endiñamos para que pague en el burguer y haga botellón con lo que le sobre.

Por lo visto, la ministra no sabe que en España somos anti-americanos para todo eso de las guerras —como casi todos los países del mundo— pero para nada más. Porque consumimos su cine, sus ropas, sus coches, sus refrescos, su comida y, creo, que hasta parte de su cultura. Es más, como aquí, en España, las pelas para la ciencia se la gastan en Protos, pues hasta los científicos se tienen que trasladar a EEUU para buscarse la vida e investigar las células, los embriones, las estrellas, la metafísica y toda esas rarezas de la ciencia de nuestro tiempo. O sea, que por más que nos quieran desvincular del país impositor por antonomasia, menos éxito se obtiene, aunque sé que lo de la amburguesa XXL no es más que otra prohibición que al final se quedará en agua de borrajas, como la del tabaco. Creo, además, que hasta se van a consumir más XXL en los burguer porque la peña es muy testaruda. No sé si se trata de un decreto alimenticio o una propaganda subliminal por la puta cara.

Es verdad que en España se consume mucha mierda últimamente, es verdad también que en España las calles huelen cada vez menos a guisos de la abuela y es verdad, del mismo modo, que cada vez más somos una sarta de flojos y flojas a la hora de meternos en la cocina. Es entonces cuando pienso que en vez de decretar no vender o publicitar amburguesas XXL se debería establecer una norma en la que todos los burgues, sin excepción, acoplados en España, acompañen de verduras la atragantada de carne que, según mis datos, ronda los 300 g.  Y, por su puesto, que también se ofrezcan al público productos de la tierra como por ejemplo buenos jamones, espárragos trigueros, aceites de oliva y yogures  Pascual o la Asturiana, que eso es lo que faltaba para que en vez de parecer un burguer se asemeje a la Venta Eustaquio.

En lo referente a la alimentación en este país, por mucho que nos metan en la cabeza que la dieta mediterránea u oceánica es la mejor para la salud, como no se haga llegar a los hogares un folleto que la promocione, la gente no se entera. Me refiero a un folleto de esos que nos llega cuando hay campaña electoral. No sé si me explico. Es por ello que no le quito razón de peso a la ministra de Sanidad porque es verdad que somos malos comiendo, pero no quiero que tampoco la ministra me coja un cabreo, también de sobre peso, por culpa de la amburguesa, porque en mi pueblo, por ejemplo, se ha detectado un alto índice de contaminación atmosférica y se lo están pasando, los del gobierno autonómico y central, por el cárter, y, en consecuencia, nos estamos contaminando de veneno todos los días además de remojarnos la retaguardia cada verano en aguas de dudosa salobridad. Y ya saben ustedes, lectores inteligentes, que me refiero al Campo de Gibraltar, a la Bahía de Algeciras.  Así que lo de la amburguesa me lo paso yo por la talega. Vayamos a cosas serias de una puta vez.

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