Isaías Bueno. Famoso en la trena
Yo creo que Farruquito, Farruquiño para los gallegos, no se debe preocupar por los tablaos ni las giras. A partir de ahora le vendrá el dinero a sacos. De los tres años de cárcel se comerá nueve o diez meses. Hará fotos con el móvil (cuando pueda y se gane la confianza de los que correspondan) y las venderá a una revista del corazón por una pasta gansa. Traspasará a las cadenas de televisión sus vivencias en el trullo y recaudará un par de kilos de euros o más. Escribirá su biografía (o se la escribirán) y liquidará miles de ejemplares. Dará conferencias en los institutos y universidades. Publicará, cuando ya esté hasta las trancas de billetes, su diario íntimo del talego. Por ésta última obra hará una buena caja porque una editorial le comprará los derechos para España y el extranjero. A un productor cinematográfico se le ocurrirá dar un paseo por la cárcel y le ofrecerá otro par de millones de euros por hacer su película, que estará protagonizada por Bardén con melenas, y ya están los gastos cubiertos. Al carajo el chabolo. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Y esto que les refiero no me lo invento. Miren si no al Lute, al Nani, al Torete, al Vaquilla y otros ilustres delincuentes a los que los españoles hemos hecho famosos. También se hará una película del Caso Malaya, y también se irán forrando la caterva que ahora está en la trena cuando salgan y vendan sus memorias y los pisitos sin amueblar que aún quedan por ahí. Ahora los programas del corazón se inflan despotricando a Farruquito hasta que salga un pariente del fulano para desmentir y se ponga las botas a costa del reo. Sin embargo, en un futuro no muy lejano, dirán, esos mismos programas, en sus propios morros, que tal o cual periodista lo defendió, que donde la justicia antes era injusta por no haberle tenido más años en el penal ahora es justa por haberle condenado a sólo un poquito de cárcel y que es el mejor bailarín del mundo cuando meses atrás fue un déspota asesino. Pero eso no importa. A él, a Farruquiño para los gallegos, le suda el empeine porque el banco va a cobrar, muá, por esta. Y, además, se va a comprar dos perros para el chalet porque la cárcel le hizo ver que como los animales de compañía, nada en el mundo.
Sin embargo, pongamos la otra cara de la moneda. Personalicemos el asunto. Figurémonos que esto que hizo Farruquito lo hace usted o yo. Supongamos que usted es padre de familia, igual que yo, y que tiene un currelo estable. Imaginemos que aquella noche fui yo, o fue usted, el que se llevó por delante al transeúnte. Pongamos también que usted o yo íbamos hasta las trancas de cubatas, a yo no sé cuánto con el coche y nos damos el piro dejando tirado en la cuneta al atropellado. ¿Sabe usted la que nos cae? La Biblia en verso. Bueno, le voy a decir sólo unas cuantas condenas. Para empezar, perdemos a la familia, porque somos la oveja negra y la madre que nos parió. Luego, perdemos mucho dinero en abogados que se las trae al pairo si usted o yo entramos en el trullo. Más adelante, el juicio. Luego, la condena. Ahí estamos, usted o yo, mirando al juez con cara de padecimiento y evacuando por la pata abajo, oyendo que nos comemos cinco o más años. Puede que diez o doce. Y si nos dan quince días para recurrir, no lo hacemos porque ni tenemos dinero ni tiempo. Por añadidura, y por gilipollas, se nos pasó el plazo para reclamar. ¡Ah! Y del permiso de conducir se olvida para los restos. Farruquito se sacó el carné hace escasamente un año, creo —mostrándolo a las cámaras de los programas basura, como el que se acababa de licenciar en Ciencias de la Información—. Perdemos el trabajo y la confianza de los hijos. Nos tildarán de borrachos, de asesinos y nadie nos pedirá un autógrafo, ni nos harán la biografía, ni saldremos en la tele (salvo un minuto en el telediario), y ninguna editorial dará un puto euro por nosotros. Por cierto, de rebajas de condena nos olvidamos por el momento. Y las fotos que nos hagamos con el móvil, para la Juani, porque el Tomate o Interviú nos dirá que nos las comamos con papas. Esto, ya lo veremos cuando suelten a Farruquito.
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