Blogia
PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

Isaías Bueno.                       Mañana surrealista

El miércoles pasado me di un garbeo por algunas calles de Algeciras que no franqueo desde hace tiempo. Bajé la calle Pescadería, que se asemejaba a un minirrastro ofreciendo objetos tan antiguos (sólo faltaban dentaduras usadas) como la misma corredera; desde la otra esquina, llegaba a mis oídos la canción de la cucaracha, aquella que no puede caminar porque le faltan las patitas de atrás. Me detuve en ese puesto de música y el tendero, alto, enjuto y hasta los mismos del popurrí, cambió el disco. Colocó uno de flamenco y clavé la vista en la oferta. Vendía el paisano compact disc de cuando la Paquera de Jerez hacía sus primeros pinitos, así que figúrense. Uno de aquellos discos lucían en la cubierta la foto, en blanco y negro, de El Chocolate y El Moreno, del Carbonerillo y del Porrina de Badajoz. No sé quiénes son. De Juanito Valderrama había compactos sobre el tablero pero de cuando le ofrecieron al cantante sus primeros tablaos.

Al poco,  puse los pasos hacia la calle Tarifa. Transito lentamente y me encajo en la Fundación Municipal de Cultura José Luis Cano. Joder, me dije, mira por dónde voy a ver una exposición de lo que sea, porque últimamente nada más que veo curro, casa, ordenata y novelas que mandan dos pares. Franqueo el umbral y saludo a un par de colegas que trabajan allí. Rindo unos pasos a la galería y, de súbito, me veo frente a la obra de arte de Vázquez de Sola. No saben ustedes cuánto me alegré. Entre otras cosas porque hace unos años me acordé de él cuando a un compañero reportero le pasó exactamente lo mismo que a uno que dejó con hipérbole en una lámina que me regaló el artista luego de que acabara de grabarle una entrevista. Creo que fue por el año 90 o 91.  Con todo, y porque tenía ganas de volver a disfrutar de su trabajo, me dispuse a recorrer la sala con excitación. La colección Andaluces para la Humanidad despachaba luz, color y, evidentemente, humor. Allí se exponían las caricaturas del poeta y periodista Téllez, de la bailaora Lola Flores, de José Cadalso, de Pérez Villalta, de Ramón Puyol, de Alberti, de Fernando Quiñónez, de Chano Lobato, de José Manuel Caballero Bonald y otros ilustres de las letras, las artes y la música, como Paco de Lucía. Y es donde quiero llegar. Al algecireño Paco de Lucia. Resulta que, leyendo la breve biografía de cada uno de los que aparecían en los cuadros, me veo que, en la reseña del guitarrista, se dice: “Francisco Sánchez Gómez nació en Algeciras en 1947. Se denomina Lucía en honor a su madre y, si es guitarrista, es gracias a su hermano, Ramón de Algeciras, que le enseñó todos los secretos de la sonata”. El texto es más amplio, así que no lo voy a transcribir entero, pero sí la dudosa escritura que asediaba al mismo. Con rotulador rojo, en torno a la reseña, en el espacio libre, se leía: “Ramón no tiene vergüenza, esto es mentira, su maestro fue su padre, A. Sánchez Pecino”. Me quedé de piedra. Alucinado. Joder, hasta releí la nota. La primera vez que leo una queja en plena exposición donde debe ir la indicación o título de la obra. No sé si el que, o la que, se quejó ha visitado muchos museos, galerías privadas o públicas (apuesto a que no), pero en mi opinión, no es el mejor sitio para presentar quejas, y, mucho menos, adosadas a las obras de artes. Sin dar la cara. Cosa distinta es que, en la institución dejara un pliego de lamentos o disconformidades, con su firma y, si es menester, huella dactilar o foto de su careto retorcido, pero por lo bajinis no. Eso es de bajunos. De mediocres y de incultos. Si alguien no está de acuerdo que reclame al biógrafo o a quien corresponda, pero que no garabatee lo que necesitamos los visitantes para saber de quién se trata la obra o lo que se desee poner allí por parte del autor, de la galería o centro cultural. A las personas (si se las puede llamar así) que dejan este tipo de grafías adosadas a los trabajos artísticos que se muestran, debo pedirles que no vayan a ver arte, que se queden en sus casas con la bata y las babuchas leyendo el folleto de la asociación de vecinos y que no molesten. Mal sabor de boca me dejó aquel gesto. Mal sabor de boca.    

0 comentarios