Blogia
PONIENTE FLOJO & Isaías Bueno

Isaías Bueno.                                    El canto del niño

Ahora oigo a mi hijo canturrear el himno de Andalucía. No sé si le ha pedido la maestra que ensaye en casa para hacer el coro el viernes, o es que el chaval lo entona porque algo le recuerda que el miércoles 28 es el Día de Andalucía. Debe ser porque como el lunes y el martes son días de semana blanca y no van al cole, pues de alegría canta el niño lo que encarte. Ya veremos si dentro de treinta años, cuando se convoquen a las urnas otra modernización del estatuto, va cantando a votar o se queda tomando un cafetito con los amiguetes. Hombre, yo creo que tal como está el “patio andaluz” lo que se lleva es eso, ir de cafetito o  echar el dominguito afuera con un arroz en el campo. A la consulta pasada me remito.

Por cierto, les tengo que contar una anécdota. Resulta que mi compañero de Cádiz va a hacer una entrevista a la calle por aquello del referéndum y se queda alucinado. “Hola, señora, ¿le importa que le haga una pregunta?” Inquiere el colega a una señora con mucha guasa y de Conil de la Frontera que se ha ido a Cái a pasar el domingo de carnaval. “No me importa, hijo, dime”, se presta toda ella. “¿Ha ido usted a votar esta mañana?” “Pues mira, te voy a decir la verdad, para qué te voy a engañar —comienza, poniendo gesto marujón—. Estaba yo pensando esta mañana si venirme a Cádiz al carnaval o quedarme en Conil e ir a votar, y al final, me he dicho: Para qué voy a votar si siempre sale el mismo”. Se pueden ustedes imaginar el pestiño que se comieron los compañeros, y, sobre todo, los políticos que nos habían convocado.

Si yo no digo que esto del referéndum no mole. Si yo no digo que no haya que modernizar el estatuto y que sea necesario legitimar muchos derechos de los ciudadanos y ciudadanas de esta comunidad, pero que al menos no se hubieran dado tantos codazos los políticos antes de su aprobación en el Congreso. Si es que en este país primero nos damos las hostias y luego le explicamos al ciudadano de qué va el asunto. Si es que estos políticos de hoy no se han enterado, ni se quieren enterar, de que lo primero, lo preferente, lo más cercano y real son los problemas de los andaluces y luego las reformas que quieran, y que no nos vengan diciendo que con el nuevo estatuto se van a arreglar las penurias. Lo que no vale es que al final seamos nosotros, los andaluces, los que paguemos los platos rotos. Ya he leído en algún diario que los andaluces hemos mostrado desinterés por nuestro Estatuto, que somos unos dejados, más o menos, vino a decir el fulano —con retintín—. O sea, que siempre caemos los mismos. Que los políticos se guillotinan y luego los pasotas somos nosotros. A ver cómo nos lavan la imagen, ¿con una caravana de campaña? No me extrañan, pues, las abstenciones. De los políticos no se fía ni dios. Al final, habrá estatuto, pero es cierto que  la mayoría de los andaluces, no ha ido a votar, eso del referéndum sonaba a chino, y que los argumentos políticos y campañas para su promoción y petición de voto, a la gran mayoría por aquí le ha entrado y por aquí le ha salido —igual que el Sierra Nava—, y que cada vez menos la gente hace de las refrendas o elecciones a las alcaldías o presidencias una fiesta especial y democrática porque el espectáculo que dan durante todo el año los de unas siglas y otras no es para menos. Está claro que lo que quiere la gente es pagar las hipotecas, comer un arrocito en el campo cuando encarte y llevar unas monedas en la cartera para el café. Y que al niño no le falte de nada. Y que los reyes vengan cada año empetados. Y que los carnavales no me los toquen, por Dios. Y que en Semana Santa  tengamos viruta para ir de pingoneo a una casa de pueblo. Y que el Rocío llegue pronto, que ya tengo mono. Y que en feria no haga mucho calor. Y que llueva, por la gloria de Cotón. Y  que la niña termine la carrera de una vez porque me tiene entrampado hasta los ojos. Y que mi Carlos celebre la comunión en mayo en el restaurante Mayola. Y que pague pronto este coche porque me quiero comprar otro. Ahora dejo de teclear para entonar con mi hijo el himno de mi tierra, de Andalucía.  

0 comentarios